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Con zuecos y pijama

Por Marcos Pastor Galán

29 pacientes y una estudiante


Hace dos meses se produjo un ruido acerca de la gestión de las enfermeras en la sanidad. Aunque otras noticias de mucha menor importancia la eclipsaron, una estudiante de enfermería se quedó sola con 29 pacientes. El suceso se produjo en el Hospital Universitario Regional de Málaga en la hospitalización de digestivo. Sin embargo, aunque sea la pirmera noticia al respecto, no es la primera vez que sucede ni será la última. 

Es sabido que en los hospitales universitarios, las estudiantes de enfermería son la mano de obra gratuita que todo el mundo necesita. De esta forma, resulta cómodo mover un centro sin contratar personal. Y estas decisiones, como siempre, las toma un gerente puesto a dedo por su amigo consejero de sanidad. De lo que se deduce que ambos son el cóctel necesario para que un paciente deje de ser un gasto.

Siempre se dice que la sanidad la levantan los residentes médicos y, parcialmente, es cierto. Nunca se habla de los estudiantes que suponen un 20-30% de la ejecución de tareas del día. Todas ellas necesarias y todas, a la par, a coste prácticamente cero. Porque es cierto que un estudiante de primero (de cualquier titulación) puede "entorpecer" la labor. Sin embargo, uno de cuarto resuelve si está bien formado y preparado. Y es un habitual. 

No diré que sea exactamente malo. Es cierto que en muchas universidades salen sin preparación a la vida laboral. Mala formación teórica, prácticas realizadas en centros con asistencia nula, escasa formación del propio personal del centro y un largo etcétera, son las causas de que un recién titulado no sea resolutivo. También, por qué no decirlo, colocar a ese profesional en una unidad especial donde el trabajo sea delicado. Poruqe si algo es cierto, es bueno desgastar los zuecos antes de tener un lugar específico para poder aprender realmente a trabajar.

Volviendo al tema de la estudiante, no tiene ningún sentido que se quede sola en una unidad. Independientemente del curso académico en el que esté, son 29 pacientes. No tiene lógica siquiera que solo haya 2 enfermeras para cubrir esas 29 camas, como para dejar a una estudiante a su suerte. Sin embargo, la dirección niega el suceso, lo cual no sorprende a nadie. Si solo tienen 2 enfermeras para 29 pacientes, no es de extrañar que se quede una estudiante y aún traten de falsear el suceso. 

La asistencia sanitaria ha ido mejorando en los últimos años, sin embargo, no se puede permitir por parte de los usuarios que se convierta en una rutina de pescadería: entrar en una habitación, tomar constantes sin ni siquiera valorarlas, administrar medicación sin preguntar y pasar al siguiente. Nos hemos convertido en borregos del servicio sanitario donde lo importante es rellenar 200 escalas en el ordenador sin saber ni siquiera para qué.

Con esta forma de trabajo, en realidad, lo que no se entiende es qué pinta el personal sanitario en  un hospital. Se puede sustituir por un robot que haga todas esas funciones o, incluso, los propios familiares. Ya hemos normalizado la sobrecarga asistencial y estamos a un paso de dar rienda a la exclavitud. El tema de los estudiantes nos llama la atención, pero no lo suficiente.

Si no se erradica esta forma de tratar a los pacientes, no mejora el sistema sanitario. Si seguimos siendo la pescadería de las enfermedades, dejaremos de lado todos los conocimientos que han demostrado beneficiar al paciente y agilizar su alta temprana. Estamos a tiempo de frenar este sistema nefasto, aún.