
En EEUU la forma de vida es completamente diferente a como lo entendemos en Europa, tanto, que la vida en sí misma cuesta un dinero que no está al alcance de todo el mundo. El problema real de la corriente teóricamente liberalista, es que se permite todo con el pretexto de que cada cual tiene lo que merece. Sin embargo, todo se convierte en un juego de supervivencia digno de película de Hollywood.
El sistema estadounidense de salud tiene altos beneficios para algunos, como son salarios muy buenos, formación que nunca se soñaría en España y el supuesto fomento del mérito. Digo supuesto ya que, como en cualquier entidad privada, no es factible discriminar qué parte pertenece al mérito asistencial y cual al mérito de favorecer a la empresa privada en perjuicio del paciente. Por otro lado, también es cierto que los beneficios no están al alcance de cualquiera ni de la misma forma, así que la igualdad de oportunidades se ve eclipsada una vez más.
Si nos centramos en lo que afecta al usuario, cuando el sistema funciona con endeudamientos extremos de los ciudadanos, está claro que la salud no es prioritaria. Y sabiendo la dificultad que implica pagar las deudas sanitarias, quizás empezamos a entender cómo la clase política no actúa por casualidad.
En el caso de Donald Trump, en muy poco tiempo ha logrado llevar a sus espaldas dos grandes negligencias sanitarias muy conocidas. Y todo apunta a que no sea tan casual, porque es evidente que él mismo no estima oportuno seguir sus propias indicaciones. De hecho, cuando se ha dado la oportunidad, ha preferido ponerse en manos de especialistas.
El primer caso fue en la pandemia por COVID-19 cuando sugirió beber legía o inyectársela a los enfermos. La lógica te indica que no lo hagas, ni a ti ni al prójimo. Sin embargo, se contaron por cientos los ingresos hospitalarios por tratar de combatir la COVID a golpe de lejía. Eso sí, tan solo medio año después de tan aberrante indicación, Trump ingresó en un hospital militar tras dar positivo en COVID.
La segunda ocasión es mucho más reciente. Hace menos de dos meses Trump decidió relacionar el uso del paracetamol durante el embarazo con el autismo. Teniendo presente que ya existía el bulo que relacionaba el autismo con las vacunas, resulta particular que alguien saque una teoría aún más absurda que la original. Y por si no fuera poco, siempre tiene seguidores que lo apoyan.
Lo primero que hay que evaluar son las afirmaciones, pero ya sabemos que son falsedades. Así que, deberías tratar de entender cuál es la finalidad de un bulo así. Es posible que se trate de 'investigar' quiénes le siguen y crear polémica. También podrían ser motivaciones económicas en favor de algo o alguien. En lo particular, yo apostaría más por la combinación de causas. Por un lado, tratar de estudia el mercado de adeptos, mientras que en la otra banda, dejas los recursos útiles solo para los que no sean tan torpes de creerlo. Estos, a su vez, acaban agradeciendo este favor con un voto y quizás dinero para las elecciones.
Solo es teoría, pero el legado sanitario de Trump debería estudiarse en las facultades al hablar de las negligencias.