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Con zuecos y pijama

Por Marcos Pastor Galán

El legado sanitario de Trump 2


Desde que Trump se postulaba a presidente de Estados Unidos, sus declaraciones han sido polémicas de forma sistemática. Y el problema es que sus comentarios no son aleatorios, sino que tiene bien planteado un guión. Dentro del mismo, queda claro que primero se plantea o ejecuta una medida que parece lógica para obtener mensajes de apoyo. El problema es que a ello se le continúa una idea o acto completamente ridículo, eso sí, con ese apoyo previo como respaldo.

Por ejemplo, destronar a Nicolás Maduro parecía un acto libertario e independientemente de la forma de ejecución, logró un apoyo mundial incluso de líderes y periodistas españoles. Mismamente, Abascal o Feijoo alababan la maniobra. Una vez tuvo a las redes a su favor, en 48h dejó claro que su objetivo es el petróleo y que no va a cambiar el gobierno por ahora.

En el marco sanitario, sus heroicidades han sido similares. Como ya comenté, es el autor de recomendar la ingestión de lejía contra la COVID y de alegar que el paracetamol causa autismo, siempre con el apoyo de seguidores incondicionales. Y sí, también los españoles, porque hay quienes promocionan las conspiraciones como campaña electoral. Sin embargo, ahora llega más lejos con dos temas.

El primero, fue reclasificar a las enfermeras y fisioterapeutas como 'no profesionales' en el mes de noviembre. Esto, resulta un ataque directo no a las profesiones sino a los pacientes. En resumen, esto supone que disminuyen las posibilidades de formación de ambos colectivos, al limitarse los préstamos a estudiantes, dificultando también su especialización.

Cabe destacar, que el modelo sanitario estadounidense se consideraba pionero precisamente por lo contrario a la novedad de Trump. Existen unos niveles profesionales de especialización que agilizan la asistencia y mejoran la experiencia del paciente, no precisando siempre la presencia o paso previo de un médico para ejecutar muchas actuaciones al haber formado previamente al personal. Esto suponía una pieza clave a copiar.

El segundo punto ha sido publicar una pirámide nutricional muy controvertida. Si bien es cierto, la clásica pirámide de hace 30 años estaba siendo ampliamente modificada. Actualmente la base ya no contemplaba solo cereales sino también fruta, verdura y legumbres. Con ello, se modifica el tipo de hidratos de carbono y se aumentan las proteínas y fibra.

Sin embargo, la pirámide propuesta en EEUU estos días ha dejado boquiabiertos a los nutricionistas. Considera que la base de la alimentación debe ser todo. Potencia el consumo de carne y pescados como algo diario. A la par, dan recomendaciones de disminuir los azúcares y los productos ultraprocesados.

El problema es que tiene muchas incongruencias. Se mezclan la publicidad del gobierno comiendo fast food y refrescos de marcas americanas, mientras nos hablan de disminuir los azúcares añadidos a la par que pretenden potenciar las proteínas y grasas animales frente a las vegetales. Y aunque parezca extraño, no es más que otra balandronada para hacer un guiño electoralista.

Cualquiera que haya comido un buen jamón y uno de supermercado sabe que las macrogranjas se basan en cantidad y no en calidad. Si se potencia el consumo en cantidad, la calidad bajará para compensar los precios. Y precisamente EEUU no goza de una salud generalizada. EEUU tiene una afección del 40% de la población con obesidad y evidentemente, los recortes en sanidad y potenciar cierta comida, no van a mejorar el dato precisamente.