
Hace 12 días Valladolid se vio inundada de una marea naranja fosforito. Los Técnicos de Emergencias Sanitarias levantaban su voz ante una situación tan complicada de resolver como omitida por la administración. No es la primera vez que se plantan ante la Consejería de Sanidad y la Gerencia de Emergencias Sanitarias (ambas en el recinto donde se cruzan el Paseo del Hospital Militar con el Paseo de Zorrilla).
Para entender su protesta, es necesario remontarse a los inicios de la profesión. Antes de tener una titulación de FP, en las ambulancias se montaba gente con titulaciones varias e, incluso, sin titulación al uso. Eran meros chóferes con cursos de primeros auxilios. Poco a poco, fueron naciendo formaciones más asentadas, como el Técnico de Emergencias Médicas. Eso sí, todo controlado por un conglomerado de empresas privadas que manejaban el empleo.
Cuando un puesto de trabajo depende de una formación que te da la misma empresa que te contrata, se genera un bucle donde la empresa se hace grande y el trabajador, pequeño. Todo con el imparable apoyo de las administraciones. Y si encima tienes un político de turno capaz de meterse en el negocio de las ambulancias, para la empresa todo va sobre ruedas y nunca mejor dicho.
Ya es casualidad que estos empleos considerados de tercera por los gestores de las administraciones, siempre tengan un pirata malo al frente. Así como decía Espronceda, "y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa", la Junta de Castilla y León ejerce de pirata, porque ignora el problema que existe cuando unos trabajadores tienen condiciones laborales que lindan con la explotación laboral mientras alguien llena su bolsillo.
En esta ocasión eran tantos los que protestaban que no ha habido opción a enviar un par de patrullas para disuadir. Además, cubrieron sus expectativas al máximo con bengalas, tomates, pancartas y gritos, fruto no de la frustración sino del enfado. Porque frustrado está quien no le gusta su trabajo. A ellos les gusta, les encanta y quieren mejorar la calidad asistencial que prestan. Sin embargo, no se puede obligar a mejorar a alguien a quien ni siquiera le remuneran todo su trabajo.
El 1 de enero se pusieron en marcha tres helicópteros sanitarios nuevos, así que la excusa económica ya no cuela para los TES. Bien es sabido que el coste-operatividad de un helicóptero es infinitamente superior al de cualquier recurso terrestre. Sin embargo, a día de hoy solo se ha contemplado aumentar ambulancias con el objetivo de que el teletaxi al hospital sea condescendiente con el ciudadano, en vez de buscar soluciones reales a las demandas que entran al 112.
Por desgracia, Castilla y León no contempla pasar a una gestión pública a los TES por el momento. En condición similar se encuentran los operadores del 112 y los gestores de recursos sanitarios del Centro Coordinador de Urgencias. No es de extrañar que los políticos miren a otro lado cuando los objetivos sanitarios se marcan en vista a las elecciones, por ejemplo, aumentar los helicópteros disparando el gasto justo el año de comicios.
Al final, el ciudadano, no sabe qué es lo que sucede salvo que quiera poner interés específico. Y por si fuera poco, se hacen honores a empresas por "crear empleo" cuando solamente son concesionarias de servicios públicos.