
Internet es ese mundo maravilloso que nos ha traído respuestas rápidas en un click. Un servicio extremadamente rápido que, cuando falla, nos complica la tarea del día. Tanta funcionalidad tiene la red, que todo lo bueno también tiene una parte negativa. Esto ya lo he comentado en más ocasiones, las mentiras y la desinformación van a la misma velocidad que el contenido fiable. Y además, suelen tener mejor atractivo.
Es sorprendente que haya gente que gane ingentes cantidades de dinero solo por hacer un vídeo. La teoría dice que, como tienen muchos seguidores, traen mejor y más publicidad que otros sistemas. Sin embargo, ¿es esto cierto? ¿Realmente generan más ventas y mejores resultados que cualquier otro formato?
Pues si nos basamos en la venta, no. Tienen el mismo efecto que muchos otros medios publicitarios. Lo que sí puede ser es que resulte más económico que un vídeo en televisión. La clave de muchas empresas va más destinada en el ahorro económico que en aumentar una venta, por ejemplo: nadie va a viajar más en una aerolínea solo porque le regalen un viaje a la famosa de turno a cambio de un vídeo. Sobre todo, porque a la hora de viajar comparamos precio, servicio y horario.
En esa misma línea, podríamos poner ejemplos de ropa, joyas, etc. Lo realmente peligroso de que se haya extendido esta moda, es que los influencers que todo lo saben, ahora también están entrando en el ámbito sociosanitario. A parte del ridículo que hacen anunciando algo mientras leen un texto por no conocer nada de la materia, algunos optan por ni siquiera ceñirse al guion, metiendo la pata sistemáticamente nada más empezar la frase.
Recientemente, la empresa más famosa de pañales para bebés, ha decidido despedir a la comercial que mostraba el producto a madres y padres en clases de preparación al parto. No era publicidad, consistía en mostrar las capas, explicar cuándo es necesario cambiar y cuándo no, las propiedades de los diferentes modelos, etc. La marca era, probablemente, lo que menos se nombraba con diferencia.
El mismo dinero, ahora han decidido emplearlo en una instagramer, otra todóloga que un día sabe de maquillaje, otro de teléfonos móviles y, el último, de juguetes no aptos para niños. Y ahora, por supuesto, no hay nadie que asesore sobre el tamaño, modelo, tipos diferentes y funcionalidades, etc. Sin embargo, esa marca logrará que se vea el nombre en redes sociales, a pesar de que la mayoría de visualizadores no tengan descendencia que precise el pañal.
Por eso, ante tal esperpento, deberíamos plantearnos si la publicidad que vemos a diario es correcta y ética, o si por el contrario, los todólogos deberían quedar reducidos a las tonterías que no condicionen la salud y conocimiento de las personas. No es lo mismo vender un pintalabios que pasar el día anunciando las propiedades de productos que puede ser altamente perjudiciales.