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Por Emilio Rodríguez García

Ande España caliente y ríase la gente


Tenemos por delante 20 días en los que se hablará y criticará sobre las diferentes razones por las que España se ha convertido en un polvorín a merced de las llamas. Nos tiraremos de los pelos de rabia, hablaremos de hidroaviones, desbrozos, bomberos forestales, la UME, cambio climático y puestos de mandos. Después, cada uno seguirá a lo suyo. Pocas veces he visto una desidia igual, yo el primero. Nos preocupan las llamas desde el salón, pero sólo durante un ratito, mientras ocurren las desgracias. Después pasaremos a otra cosa.

No voy a pretender dar opinión sobre el por qué de los incendios. Ni tengo conocimientos sobre ello ni la información necesaria como para que mi opinión sea acertada. Pero os recomiendo leer el artículo de Félix De la Fuente: ¿Cuántos años se necesitan para que se queme toda España? donde se resume con bastante acierto la realidad que estamos viviendo.

Lo que sí es curioso es el patrón que detecto cada año. El "hay que hacer" contra los incendios. Hay que hacer caminos forestales, hay que desbrozar, hay que tener plantillas de bomberos en nómina todo el año, hay que instalar el kit anti incendios en los aviones, hay que recuperar el pastoreo extensivo, hay que modernizar la flota de aviones anfibios, hay que hacer un pacto por el cambio climático, etc. Un sin fin de cosas que en la teoría parece que se conocen muy bien pero que, vistos los resultados año tras año, parece que cuesta llevarlas a la práctica.

Pero ya tenemos la solución para evitar los siguientes incendios. Un pacto nacional para que sea el Gobierno Central el que haga frente de manera coordinada al cambio climático. Me pregunto si será una medida populista o meditada en base a un riguroso análisis de datos sustentado por expertos del sector. 

Un simple análisis de la evolución de los incendios de España, nos deja conclusiones bastante interesantes. Aunque a día de hoy se declaran menos incendios que hace una década, el problema es que los fuegos son cada vez más grandes, agresivos y difíciles de atajar por la dispersión del territorio. Las comunidades autónomas son las que están sosteniendo el peso gordo de la respuesta, invirtiendo más de 100 millones al año y sumando cientos de medios y efectivos a los del Estado. Pero aquí está el problema: mientras la amenaza de grandes incendios crece, la inversión real en prevención y extinción sigue cayendo respecto a los máximos de hace quince años. Se está recortando el presupuesto -sobre todo en prevención- justo en el momento en que más falta hace cuidar el monte.

Si ponemos en una gráfica las hectáreas quemadas y el número de incendios registrados en la última década, visualmente podemos ver lo que os acabo de explicar: menos incendios, pero más intensos. Si a esto le sumamos la reducción de inversión en prevención, tenemos el cóctel perfecto para que nuestro entorno siga sufriendo las consecuencias de nuestra incompetencia.