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Por Emilio Rodríguez García

De RTVE a TikTok


Ha llegado esa época del año en la que nuestros políticos se preocupan por nosotros, o al menos lo aparentan: las elecciones. Para el buen observador es una oportunidad para enterarse de cómo está realmente el país, porque en los enfrentamientos entre candidatos siempre se escapa alguna verdad. Suele salir cuando uno la usa como arma para desprestigiar al contrincante.

Y así es como funcionan ahora los debates. No gana quien hace mejores propuestas, sino quien consigue presentar al rival como un inútil (por no decir algo peor) ante una población cada vez más polarizada. A este paso, dentro de poco dejaremos de verlos en RTVE y pasarán a TikTok.

Como los turrones y las luces en Navidad, cada ciclo de elecciones trae de vuelta los mismos temas recurrentes: salarios, pensiones y el precio de la cesta de la compra. Este año se ha incluido también la vivienda, que ha irrumpido como tema estrella.

Nos dicen que la inflación está en un 5%. ¿Dónde lo ven? Cada vez que voy al supermercado, la compra sale bastante más cara. Y eso sin contar que pago más por menos cantidad, algo que tienden a callarse. Por cierto, eso se llama reduflación y suena igual de mal que sienta.

Pero sin duda alguna el elefante en la habitación de la economía española son las pensiones. Hay miedo a sacar el debate, a no ser que seas un calculador nato y quieras pervertir el voto de los jubilados o de los jóvenes. O de ambos. Vivimos de promesas políticas y a estas alturas todos sabemos lo que significan. Más vale euro en mano que cientos en una hucha que dependerá de los trabajadores y los políticos del futuro. No es una estafa piramidal, pero nadie nos asegura una jubilación dorada a los que aún tenemos años de cotización por delante. En mi caso, rondan los 25 si no les da por hacernos trabajar hasta los 70.

Cambiar el sistema no será fácil ni barato. Pero digo yo que en algún momento habrá que hacerse la pregunta: ¿seguimos huyendo hacia delante o le plantamos cara? Mirar para otro lado sólo agrava el problema y se lo deja a las siguientes generaciones .

Pero en este país somos cortoplacistas. Los problemas de uno en uno y empezando por los que afectan ahora, y en el futuro, Dios dirá.

Si miramos a Europa, el panorama no mejora. Según Eurostat, en 2024 el salario medio anual ajustado a jornada completa fue de 33.700 euros en España, frente a los 39.800 de media en la Unión Europea. Más de 6.000 euros de diferencia, y muy lejos de Luxemburgo (82.969), Dinamarca (71.575), Irlanda (61.051), Bélgica (59.632), Alemania (53.751) o Francia (43.790).

Lo preocupante es la tendencia. Desde 2008, el salario medio ha crecido alrededor de un 36% en España, frente al 52% de la media comunitaria. Alemania lo ha hecho un 60,7% y Bélgica, un 53,7%. Cobramos menos y la distancia sigue creciendo. Y con eso, todavía hay quien se plantea que tendremos una jubilación dorada.

Nada de esto es nuevo. Es la crónica de una muerte anunciada, como lo fue el cierre de las nucleares o la demonización del diésel para imponer el eléctrico, que ha puesto contra las cuerdas a marcas españolas tan icónicas como SEAT e incluso europeas de lujo, como Porsche. Los problemas se ven venir con años de antelación. Lo que falta es alguien dispuesto a afrontarlos antes de las siguientes elecciones y no al borde de las mismas para luego olvidarse. España necesita acciones concretas y visión de Estado, no populismo de campaña.