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Por Emilio Rodríguez García

Dónde están los tecnócratas


Seguimos una semana más al borde del precipicio. No sabemos quién es responsable de los incendios que asolan media España. Quizá sea el cambio climático, la energía nuclear o, como insinúan algunos, el PP, aunque también podría ser el coco. Lo único claro es que media península arde como si fuese escenario de una serie de Netflix sobre el fin del mundo.

Luego llega un ganadero que lleva 40 años recogiendo piñas, podando hierbas y pastoreando cabras, te suelta que si no limpias el monte, el fuego corre como un político a una inauguración. Y oye, resulta que tiene razón.

¿Es que ya no queda nadie con sentido común al volante? ¿O es que los asesores están ocupados justificando la teoría de que lo mejor es no tocar el campo y dejar que todo arda en su pureza natural?

Mientras tanto, el humo corre un tupido velo sobre un atentado más a nuestra delicada naturaleza. El último invento del Ministerio de la Verdad -perdón, de la Transición Ecológica y no sé qué más- ha sido vaciar el embalse de Alcollarín entero para acabar con una especie invasora. Resultado: 50.000 millones de litros de agua río abajo, un millón de euros públicos evaporados (literalmente) y la especie invasora, la pseudorasbora parva, más feliz que un político en campaña, colonizando ríos y afluentes a lo grande. Que tiemble la trucha, que aquí llega el pececillo chino subvencionado que escapó a redes que debían contenerlo en el embalse. El rastro de cadáveres y el olor a putrefacción que ha quedado en Alcollarín se lo cargamos también a la oposición, que al fin de cuentas, no se opuso a semejante aberración. Yo, desde mi ignorancia, me pregunto ¿es normal vaciar un embalse entero en agosto?.

Naturalmente, nadie asumirá responsabilidades. Es más, en los pasillos del ministerio ya deben de estar pensando en convocar un congreso internacional sobre 'la gestión sostenible del desastre', con cátering, PowerPoint y un grupo de asesores aplaudiendo como focas.

Ojalá algún día podamos decir que los que están al frente de los diferentes ministerios son verdaderos tecnócratas sin títulos falsos y rodeados de asesores expertos en su materia. Es un sueño bonito que seguiré pensando que es posible.