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Por Emilio Rodríguez García

Gobernar es pensar en el mañana


Qué difícil es encontrar gobernantes que piensen a largo plazo. Que se atrevan a tomar decisiones impopulares, conscientes de que los frutos no los recogerán ellos, sino quienes vengan después. En un mundo político dominado por el cortoplacismo, donde cada medida se mide por su impacto en las encuestas y no por su valor social, apostar por el futuro es un acto de auténtico coraje.

Por eso me resulta especialmente llamativo el paso que ha dado Maldivas, al convertirse en el primer país del mundo en aprobar una ley que prohíbe la venta, compra y uso de productos de tabaco a las personas nacidas a partir del 1 de enero de 2007. Para que lo entendamos, a partir de 2025, ninguna persona menor de 18 años podrá fumar legalmente, ni lo podrá hacer nunca. No se trata de una simple restricción sanitaria, sino de una decisión que pretende transformar el país. Y vaya si lo conseguirá.

El objetivo oficial es claro: reducir la incidencia de enfermedades relacionadas con el tabaco, como el cáncer de pulmón o las cardiopatías. Pero su verdadero alcance va más allá. Tal como lo veo yo, esta ley simboliza una ruptura cultural con un hábito que durante décadas ha estado asociado a la rebeldía, la madurez o la identidad. ¿Os acordáis del vaquero de Marlboro apodado coloquialmente como Marlboro Man? Sí, ese que terminó declarando a favor de la legislación antitabaco tras haber sufrido cáncer.

El tabaco, el alcohol o ciertas drogas, podrían dejar de ser el vehículo de la evasión o del desafío juvenil, para ceder su espacio a nuevas formas de expresión y desconexión: el deporte, la tecnología o la búsqueda del bienestar mental. Si lo hubieran pensado bien, podrían haberlo atado al bono cultural. ¿Soy yo o la mayoría de nuestros jóvenes están llevando una vida bastante sana? quizá sea el momento para dar ese empujón y terminar con un problema social que llevamos demasiado tiempo arrastrando.

Hay que ser realmente valiente para iniciar este cambio de paradigma. Por apostar para que las generaciones futuras entiendan que cuidar de sí mismas no es un acto de sumisión, sino de libertad.

Ojalá más gobiernos aprendieran de este ejemplo y se atrevieran a mirar más allá del próximo ciclo electoral. Porque gobernar no debería ser una carrera por los votos, sino una responsabilidad con el futuro. Y el futuro, si de verdad queremos que exista, exige decisiones valientes como esta.