beta
secondary logo
 

Conectados

Por Emilio Rodríguez García

Largoplacistas


Vivimos en un mundo donde las urgencias del día a día nos saturan: el alquiler sube, el pan cuesta lo que antes el solomillo, y el Wi-Fi se corta en la peor parte de la serie. Y, sin embargo, en algún despacho revestido de cristal y acero, Elon Musk está ocupado salvándonos del apocalipsis... dentro de unos diez mil años. Lo llaman largoplacismo.

Yo, ferviente defensor del cortoplacismo, veo en esta filosofía que inspira a Musk y otros tecnofuturistas, una premisa sencilla y hasta noble: las generaciones futuras importan tanto como nosotros, los de ahora. Ergo, hay que actuar hoy pensando en el bienestar de esos humanos del mañana, esos tataranietos que aún no hemos engendrado. Suena bien. Lo que pasa es que, en el camino, corremos el riesgo de olvidarnos de los humanos que sí existen. Los de hoy. Los que hacen cola en urgencias, les han okupado una casa o no pueden pagar la luz.

Cuando era pequeño, en la habitación de mi mejor amigo había un póster que rezaba: 'La Tierra no es herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos'. Mentiría si dijera que no me hizo reflexionar sobre la importancia de cuidar lo que tenemos para que las futuras generaciones lo puedan disfrutar. Y eso mientras mi amigo y yo jugábamos al ordenador con la banda sonora de Flashdance de fondo y grabábamos en un CD mp3s descargados del Napster. Ya puedo confesarlo, ha prescrito. Así éramos los jóvenes en los 90. Y cada uno con un peinado diferente, no como ahora.

Volviendo al presente, mientras algunos debatimos si merece la pena cambiar de coche, Elon Musk está diseñando naves para colonizar Marte. Según sus palabras, es el "seguro de vida colectivo" de la humanidad. Por si acaso un asteroide, una IA cabreada o nuestra propia estupidez acaban con el planeta. El futuro vale más que mil problemas presentes, parece decir.

Ahora bien, ¿es el largoplacismo una excusa para soñar a lo grande mientras se ignoran los problemas reales y urgentes? ¿O es la única forma responsable de evitar que la humanidad acabe como los dinosaurios? Es un debate muy interesante, porque mientras unos preparan el cohete para Marte, otros nos preguntamos si no deberíamos arreglar primero la Tierra: el clima, la desigualdad, la sanidad… ya sabéis, esas minucias del día a día.

Por supuesto, hay que reconocerle a Musk que lo suyo no es un capricho: su visión es coherente y ambiciosa. Lo que pasa es que, a veces, desde este lado de la realidad, da la impresión de que salvar al futuro sirve de estupenda coartada para no pringarse demasiado con el presente. Como cuando prometes empezar la dieta el próximo mes.

Quizá la clave esté en el equilibrio: un poco de largoplacismo para que no nos extingamos, pero también un poco de cortoplacismo bien gestionado, para que el mundo no se desmorone antes de tiempo. Que igual antes de mudarnos a Marte, habría que asegurarse de que el ascensor del edificio funcione. Porque de nada sirve salvar a los humanos del año 3025 si no logramos que los de 2025 lleguen a fin de mes.