
El municipio conquense de Sisante, de poco más de 1.600 habitantes, alberga una obra maestra de la imaginería barroca española, que la tradición dicta solo procesione por las calles de la localidad cada cien años, o en circunstancias verdaderamente excepcionales. Se trata de un Nazareno salido de la gubia y el cincel de la mejor escultora de su tiempo, Luisa Roldán, 'la Roldana'.
En las postrimerías del siglo XVII, todo un rey, Carlos II de España, encargó a su Escultora de Cámara, Luisa Roldán, realizar una imagen digna de ser obsequiada a todo un pontífice de la Iglesia Católica, Inocencio XII. Ella estaba en el cenit de su madurez creativa, y consciente de la envergadura del proyecto, se esmeró en conformar una joya artística que quedase como legado perenne de su talento para las generaciones venideras. Pero los avatares de la historia vinieron a desbaratar los planes, y el Nazareno terminó en un lugar bien distinto y distante del inicialmente programado: Sisante, en Castilla-La Mancha.
Luisa Roldán, que pasaría a la posteridad como 'la Roldana', había logrado sobreponerse a las limitaciones que imponía la sociedad de su época para que una mujer desarrollase una vocación profesional, y consiguió ser la primera escultora reconocida en nuestra historia del arte, situándose por méritos propios entre los mejores de la disciplina.
Luisa Ignacia Roldán nació en Sevilla en 1652, de la extensa prole del imaginero más célebre de la ciudad en ese momento, Pedro Roldán. Ya que el padre recibía un ingente número de encargos sobre todo en madera policromada, había incorporado a sus hijos al taller para ayudarle junto a otros aprendices.

De la progenie de Pedro Roldán, mayoritariamente femenina, tres hijas destacarían en labores artísticas: Francisca Antonia, María Josefa y Luisa. Habían aprendido del padre lo que este impartía en la Academia de Pintura, Escultura y Dorado de Sevilla presidida por Bartolomé Esteban Murillo, a la que no podían asistir por su condición de mujeres. Las tres acabarían casándose con escultores con quienes desplegarían un trabajo en equipo.
Luisa se reveló virtuosa en el oficio. En el obrador familiar, coincidió con Luis Antonio de los Arcos, hijo del maestro pintor de imaginería Luis Antonio Navarro de los Arcos y en 1671, ambos con 19 años, deciden contraer matrimonio y emanciparse del entorno paterno. Pedro Roldán se opuso al desposorio, probablemente por no perder auxiliares cualificados, a juzgar por su negativa a los enlaces de sus otros hijos.
Ocurrió entonces el episodio conocido como 'el rapto de la Roldana': Luisa, determinada a casarse, recurrió a la justicia. El 17 de diciembre de 1671 declaró ante el juez ser doncella, soltera, no ser parientes los contrayentes y no poder cumplir la palabra de casamiento dada, por la negativa paterna. La boda se celebró el 25 de diciembre, ausente el padre.
Su carrera profesional independiente del núcleo familiar comenzó en Sevilla junto a su marido, cuyas dotes artísticas no alcanzaban a las de su esposa, pero él es el único que aparecerá en los contratos de las obras, dado que la normativa contemporánea se lo impedía a una mujer.

El matrimonio reside en la casa de los Navarro de los Arcos, en la zona de San Vicente, donde nacen cuatro hijos que fallecen en su primera infancia. En 1680 se trasladan a la calle Génova, donde nacería en 1681 su hijo Francisco José Ignacio. En 1684 en el barrio de San Martín viene al mundo Rosa María Josefa.
De allí se trasladaron a Cádiz, para cuyo convento de Descalzos Luisa había realizado un Ecce Homo en 1684. Al restaurarlo en 1984, ya ubicado en la catedral, se encontró en su interior un documento autógrafo en que su autora, que se autodenomina 'insigne artífice', acredita haberlo esculpido 'con sus manos', con ayuda de su esposo. En ese papel se trazan los únicos dibujos conocidos hechos por Luisa, a grafito, del rostro de la imagen.
El cabildo catedralicio gaditano le encargó en 1687 las figuras del monumento de Semana Santa, en las que Luisa Roldán demuestra gran dominio de la anatomía, e inmediatamente después, el ayuntamiento le encomendó las tallas de los patronos de la ciudad, San Servando y San Germán. Luisa fue elogiada como 'única escultora de estos tiempos'.
El matrimonio se instala en Madrid en 1689 aspirando a trabajar para la Corte. Allí en 1689 bautizan a su última hija, María Bernarda. Luisa obtiene el favor del rey Carlos II y consigue lo que ninguna mujer antes: ser designada Escultora de Cámara el 15 de octubre de 1692.

No obstante su éxito, Luisa Roldán sufrió constantes estrecheces económicas ya que el sueldo correspondiente a su posición no llegó hasta 1695, cuando fue aprobada una remuneración anual de 100 ducados, aunque en 1698 continuaba sin percibirla y nunca la cobraría con regularidad. Cuando sube al trono el nuevo monarca, Felipe V, Luisa consigue la renovación de su puesto de Escultora de Cámara.
En los últimos momentos de su vida, Luisa envió un trabajo a Roma para postularse como miembro de la Accademia di San Luca, honor que no había conquistado ningún español. El 10 de enero de 1706 llegaba la comunicación de su nombramiento como académica de mérito, el mismo día que le sobrevenía la muerte, a los 54 años.
Cinco días antes, junto a su testamento firmaba una declaración de extrema pobreza para eludir el pago de deudas por sus herederos, indicando que no poseía ningún bien sobre el que testar y, apelando a la caridad para su sepultura y sufragios por su alma, suplicaba ser enterrada en la iglesia de San Andrés de Madrid. Le sobrevivieron sus hijos Francisco y María, que no destacaron como escultores, y su marido, que moriría en 1711.
En Madrid, 'la Roldana' ejecuta entre 1697 y 1701, en el punto álgido de su trayectoria artística, un impresionante Jesús Nazareno destinado a ser un obsequio del monarca Carlos II al papa Inocencio XII. Sería la última obra documentada de Luisa Roldán. El Nazareno es de tamaño natural, concebido para ser vestido, por lo que solo tiene modelados cabeza, manos y pies. Carga con la cruz sobre el hombro izquierdo mientras avanza camino del Calvario, inclinando el cuerpo y adelantando una pierna.

Pero Inocencio XII murió el 27 de septiembre de 1700, y Carlos II el 1 de noviembre del mismo año, estallando la Guerra de Sucesión en suelo español, que enfrentaría a los ejércitos de las potencias europeas de los dos pretendientes al trono hispánico, el francés y el austríaco. No solo quedaría ya sin efecto el objetivo de la Casa Real Española de agasajar con la valiosa pieza al Santo Padre: también la efímera y más humilde propuesta de destinarla al Monasterio del Escorial, que surge después, nunca se materializa, y la talla permanece en poder de 'la Roldana'. Al fallecer ésta, pasa a sus hijos.
Y es cuando entra en escena un sacerdote natural de Sisante, lugar al que había retornado a desarrollar su labor pastoral tras estudiar en Alcalá de Henares y en Cuenca y ordenarse. Cristóbal Jesús Hortelano y de la Fuente, nacido el 29 de mayo de 1656, había fundado un beaterio en su localidad natal el 6 de enero de 1695, con licencia del obispo de la diócesis, recogiendo a siete mujeres que deseaban llevar una vida en común de oración y contemplación. Anhelando la conversión del beaterio en un recinto conventual, Hortelano impulsó unas obras que duraron un sexenio, del 14 de octubre de 1702 al 18 de mayo de 1708. Así, nació el Convento de Clarisas o Nazarenas de Sisante, que ocupa una superficie de más de una hectárea permutada por los Saavedra y Ruiz de Alarcón, y cuyo edificio luce una imponente fachada barroca, con una espadaña de tres campanas y la puerta principal coronada por las armas del Marqués de Aitona y de los Duques de Medinaceli.
El padre Hortelano se dispuso a localizar alguna figura de mérito para presidir el altar mayor de la iglesia del convento, y marchó a Madrid en su busca, donde le llegó noticia de la existencia del Nazareno que llevaba una década depositado en el antiguo obrador de 'la Roldana'. Al verlo quedó prendado de la obra de arte, adquiriéndola a los hijos de la escultora por 15.000 reales, trato que fue rubricado por ellos entregándole además gratuitamente una Dolorosa, también elaborada por su madre, que hoy se venera en la misma iglesia de Sisante.
Hortelano llevó la imagen desde Madrid hasta Sisante con la ayuda del jesuita padre Rejón, llegando allí el 14 de septiembre de 1711 (festividad de la Exaltación de la Santa Cruz). Ya desde 1712, el sacerdote promovió la impresión de numerosos grabados del Nazareno para su difusión, indicando la identidad de su autora: 'Dª. Luisa Roldán insigne Esculptora de España'.

Un siglo después, la abadesa del convento, Madre Rafaela del Pilar, que retoma la labor docente iniciada por el Padre Hortelano y logra el permiso real para crear una Escuela de niñas, decide en 1819 realizar una función solemne para conmemorar el Primer Centenario de la llegada del Cristo a Sisante, cumplido unos años antes, en plena Guerra de la Independencia Española. Así, se organizan los actos religiosos de la 'primera función del centenar', que incluyen un recorrido de la escultura por las calles, y elementos festivos como tracas. La buena acogida de la población motiva que se instituya la costumbre de sacarla en procesión cada cien años, como homenaje a su llegada al pueblo.
Así se hará puntualmente el 14 de septiembre de 1911. Pero con la llegada de la Guerra Civil Española, la talla fue profanada y gravemente mutilada. En ese deplorable estado fue trasladada a Cuenca, donde en un acto de desagravio que concitó a miles de personas, procesionó como único paso a las 20 horas del Miércoles Santo, 5 de abril de 1940. Desde allí, se llevó al taller del gran escultor Federico Coullaut-Valera, en Madrid, para su restauración, transportándola en un camión, con su interior forrado con colchones para protegerla a pesar de su gran deterioro, según las fotos que se conservan, y de que su recuperación iba a requerir una intervención muy exhaustiva.
De vuelta a su camarín de Sisante una vez recompuesta, su siguiente salida del convento se produjo en el año Jubilar del 2000, al presidir entre los días 24 y 26 de marzo un triduo extraordinario en la parroquia de Santa Catalina de Sisante, retornando al cenobio el día 27, para recorrer las vías urbanas de Cuenca capital el 31 de marzo y de nuevo el día siguiente, 1 de abril, las de su localidad.
En 2011, con motivo del III Centenario, es cuando la imagen de clausura ha visto por última vez el cielo de Sisante, hasta el día de hoy. Ese año, el papa Benedicto XVI concedió al municipio la condición de lugar de peregrinación para lucrar el jubileo, en aquellos años en que el 14 de septiembre sea viernes.

El Cristo continúa hoy recibiendo culto en su trono barroco del Convento de Clarisas, muy cerca del sepulcro del padre Hortelano, exponiéndose en besapiés todos los viernes de marzo, cuando es muy visitado por vecinos y personas llegadas de lejos. No en vano es el patrón sisanteño, en cuyo honor se ha establecido la fiesta de la población el 14 de septiembre.
En peanas, de forma excepcional para su época, Luisa Roldán se reivindicó dejando inscritos su nombre y su dignidad de Escultora de Cámara en la Corte. Era su orgullo de saberse abriendo brecha, o en una metáfora más propia de su oficio, rompiendo moldes. El Nazareno de Sisante sale a las calles cada cien años, pero una artista como 'la Roldana' solo la alumbra el mundo cada muchos siglos más.
Fotografías: Gabriela Torregrosa