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Cuaderno de bitácora

Por Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria

Jane Austen y el enigma de su enfermedad final


Probablemente sea Jane Austen (1775-1817) una de las figuras literarias más influyentes de todos los tiempos, y paradójicamente, una de las que más detalles se desconocen. No mantenía ningún diario, y buena parte de su correspondencia fue destruida o censurada por su hermana Cassandra tras su muerte.

En el momento de su prematura desaparición a los 41 años, la escritora británica había publicado cuatro novelas: Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813), Mansfield Park (1814) y Emma (1815), que habían alcanzado un discreto éxito, aunque sin alterar su existencia doméstica y un tanto oscura, pues los textos habían visto la luz de forma anónima, simplemente firmados por 'una dama'.  Sería su hermano Henry Austen, al publicar póstumamente pocos meses después sus novelas Northanger Abbey y Persuasión, quien añadiría una nota biográfica esclareciendo la autoría de todos los trabajos.

La imagen del genio marchitándose en plena flor de vida, luchando por seguir escribiendo entre dificultades económicas y una salud cada vez más minada, ha ejercido un atractivo irresistible entre generaciones de lectores y ha convertido a la autora en un icono romántico, objeto de una incontestable austenolatría. Los 200 años transcurridos han sido testigos de miles de trabajos y análisis críticos, innumerables ediciones de sus obras, adaptaciones cinematográficas y series de televisión, novelas que utilizan las suyas como pre-textos, y sociedades literarias creadas bajo su advocación, para propagar su culto por todos los rincones del orbe.

Es por ello que la patología que apagó la vida de Jane Austen sigue siendo un enigma que suscita interés hasta el momento actual.

El 23 de marzo de 1817, Jane escribía a su sobrina más querida, Fanny Knight: "Ciertamente no he estado bien durante muchas semanas, y hace aproximadamente una semana estuve muy mal. En ocasiones he tenido mucha fiebre y malas noches, pero ahora estoy considerablemente mejor, y he recuperado un poco mi aspecto, que ha sido muy malo: negro, blanco, y de todos los colores equivocados".

Apenas un mes más tarde, el 27 de abril de 1817, Jane Austen redactaba secretamente un breve testamento en el que legaba la práctica totalidad de sus bienes a su hermana Cassandra. El proceso se había desarrollado en pocos meses, con algunos períodos de aparente mejoría. En julio de 1816, sabemos por sus cartas que comenzó a experimentar debilidad y cansancio, y después unos fuertes dolores de espalda y problemas gastrointestinales. En enero de 1817, por primera vez reconoce en una carta a su amiga Alethea Bigg que sufre una indisposición seria.

El 24 de mayo de ese año, Jane y Cassandra se mudarían al número 8 de College Street, en la capital de su demarcación, Winchester, a 25 kilómetros de su pueblo, Chawton, buscando en vano la curación de manos del prestigioso médico del Hospital del Condado de Hampshire, Mr. Giles King Lyford.

El 18 de julio, viernes, Austen moría a las 4.30 de la mañana, sin poder terminar su última novela, Persuasión, ni ver el enorme éxito que llegarían a alcanzar sus obras. Fue enterrada en la catedral de Winchester, bajo una losa de mármol negro que recuerda que sufrió 'una larga enfermedad'.

El 18 de julio de 1964, aniversario de la muerte de la escritora, el doctor Sir Vincent Zachary Cope publicaba el célebre artículo 'Jane Austen’s last illness' en el British Medical Journal, que recorre todas las cartas de la autora en su último año de vida, y termina así: "Si nuestra conjetura es correcta, Jane Austen hizo algo más que escribir excelentes novelas – también describió el primer caso registrado de la enfermedad de Addison de las glándulas suprarrenales". Efectivamente, el trastorno no sería descubierto por el médico británico Thomas Addison hasta décadas más tarde, en 1855. Cope considera que la manera en que Jane especificaba el cariz que había adquirido su rostro en marzo de 1817, 'negro, blanco, y de todos los colores equivocados', refleja la hiperpigmentación de la piel, patognomónica de la enfermedad de Addison.

Desde entonces, la opinión mayoritaria en el mundo médico ha sido que Austen falleció a consecuencia del mal de Addison, aunque desde el primer momento ha habido voces discrepantes que han propuesto otras hipótesis.

F. A. Bevan escribía una breve carta al British Medical Journal el 8 de agosto de 1964, como inmediata respuesta a Cope, en la que consideraba que la fiebre que presentaba la escritora es inusual en la enfermedad de Addison, y se inclinaba por un linfoma de Hodgkin, que podría explicar todos los síntomas mencionados en el artículo de Cope, incluyendo la coloración en la piel y el dolor de espalda inicial. Esta afección, desconocida en vida de Jane Austen, fue identificada por Thomas Hodgkin en 1832. Desde enero de 1813, Jane estaba aquejada de una severa neuralgia, lo que está documentado en el diario de su sobrina, Fanny Knight. La hermana menor de Fanny, Lizzie, también describió cómo Jane Austen caminaba en ocasiones con la cabeza ladeada, y un cojín apretado contra su mejilla, para aliviar el dolor de la cara. Estos síntomas podrían describir una neuralgia facial o del trigémino, que acompaña a una infección previa de un herpes zoster, algo inusual en una persona joven, lo que indica una inmunodeficiencia preexistente, asociada a un linfoma, tal como el de Hodgkin.

K.G. White, ella misma aquejada del mal de Addison, escribe en Medical Humanities (2009) un artículo en el que se inclina por la tuberculosis como causa del deceso de Austen, posiblemente contraída por ingerir leche contaminada.

L. Robinson Walker, por su parte, publica un artículo en la revista de la Jane Austen Society of North America (2010), sugiriendo que se trataría de la enfermedad de Brill-Zinsser, una reactivación del tifus que la escritora sufrió de niña.

Pero la hipótesis más polémica sobre el padecimiento final de Jane Austen ha venido de la mano de la autora de novelas de misterio, Lindsay Ashford. En The Mysterious death of Miss Jane Austen (2011), Ashford especula que Austen usaba la solución de Fowler, inventada en 1785 por el doctor Thomas Fowler, y que se había convertido en un remedio muy popular para todo tipo de dolencias. Dicha medicina contenía un 1% de arsénico.  Según Ashford, la pareja norteamericana compuesta por Harry and Alberta Burke, que compraron en 1948 un mechón de pelo de Jane Austen en una subasta en Sotheby’s y lo donaron a la casa-museo de la escritora en Chawton, lo sometieron previamente al test de Marsh para la detección de arsénico, arrojando un resultado positivo. La intoxicación por este elemento causa pigmentación de la piel 'en gotas de lluvia', si se toma en pequeñas cantidades a lo largo de un período temporal.

Quién sabe si alguna vez, aprovechando algún centenario, las autoridades británicas no promoverán la exhumación de los restos de la escritora para determinar las causas de su muerte, como un asunto de interés nacional. Mientras tanto, las especulaciones sólo sirven para alimentar más el mito de la autora de identidad escurridiza, que no pueden dejar de adorar precisamente aquellos cuya idiosincrasia ridiculizaba en sus novelas.

Fotografías: Gabriela Torregrosa