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Cuaderno de bitácora

Por Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria

San Juan Bautista en Juego de Tronos


Uno de los rincones más bellos de la costa vasca es San Juan de Gaztelugatxe, un islote que se ubica en un paraje de singular valor medioambiental e histórico. Polo de atracción de turistas y escenario de rodajes, custodia desde hace siglos un acervo de leyendas que lo arraigan indisolublemente a las creencias y el modo de vida ancestral de las gentes de la zona.

San Juan de Gaztelugatxe, perteneciente al municipio vizcaíno de Bermeo, es un enclave emblemático en un impresionante entorno natural, de vistas espectaculares que en días claros permiten al ojo humano divisar hasta territorios franceses y cántabros. 

El peñón en forma de cono, que emerge del Cantábrico como un castillo, se une a tierra firme a través de una lengua formada por dos grandes arcos y está coronado en su punto más alto, a 150 metros sobre el nivel del mar, por una ermita perteneciente a la jurisdicción de la parroquia de San Pelayo de Bakio. Suben hasta ella unas escaleras en zigzag, con 241 peldaños que trazan un camino señalizado desde 1891 con las estaciones del Viacrucis. Existe memoria de que antiguamente el número de escalones se hizo coincidir con el de los días del año, 365.

El hallazgo de restos arqueológicos ha demostrado que San Juan de Gaztelugatxe ha sido habitada desde la prehistoria. Las dos teorías más extendidas aseveran que la etimología de su nombre proviene de 'gaztelu-aitz' (peña del castillo) o de 'gaztelu-gache' (castillo áspero o difícil).

La ermita, de finales del siglo IX, se dice fue promovida por el último rey astur, Alfonso III. Su advocación es San Juan Bautista, patrono de Bermeo, quien, según una inveterada tradición oral, desembarcó en su puerto y llegó hasta Gaztelugatxe dando tres gigantescos pasos, hazaña tras la que quedaron en el suelo pisadas visibles para la posteridad.

Una comisión dirigida por Bittor Erauzkin recuperó y restauró en 1982 las huellas, que pueden encontrarse en las siguientes localizaciones: bajo el arco de San Juan en Bermeo; en el barrio Arene, junto al caserío Itsasalde; cerca del caserío Ermu; y la originaria del alto de Burgoa, itinerario que cayó en desuso, recolocada al finalizar la ascensión de las sinuosas escaleras de Gaztelugatxe. Afirman que poner el pie encima de esas marcas proporciona suerte y salud.    

Para la fundación se habrían trasladado allí reliquias de la cabeza del Bautista, presumiblemente fragmentos de hueso, que quizá podrían conservarse en el relicario que se da a besar a los fieles el día de San Juan. 

En 1053 se alude a la ermita como San Juan del Castillo en la carta de su donación por parte de Íñigo López, primer señor de Vizcaya, al monasterio de San Juan de la Peña en Jaca, Huesca; denominación esta última con la que aparece mimetizada en documentos de 1162.

En el siglo XII se convertiría en cenobio, junto al que se emplazaba un pequeño cementerio. Su función defensiva derivó de su posición estratégica de bastión, dominando una inmensa panorámica.

En el verano de 1334, el ejército del rey de Castilla Alfonso XI asedió allí al señor de Vizcaya Juan Núñez de Lara, quien junto a otros siete caballeros vascos opuso una heroica resistencia durante más de un mes.

En las postrimerías del siglo XVI, se cree que el pirata inglés Sir Francis Drake saqueó la ermita y poco después, hugonotes venidos de La Rochelle la expoliaron, despeñando a su ermitaño. 

El primer texto escrito conocido en que aparece el nombre Gaztelugach es de 1795, y el grabado más antiguo conservado del lugar, de 1846. Probablemente, funcionaba como hospedería en la ruta costera del camino de Santiago y también se especula fue escenario de aquelarres. 

A principios del siglo XIX, en lo alto del peñón se instaló una batería de defensa con artillería. El complejo medieval estaba en tan lamentable estado de conservación, que en 1808 se propuso su demolición (iglesia, celdas monacales, hospedería y espadaña de dos campanas), aunque los avatares históricos decimonónicos demoraron la ejecución hasta 1885. Entonces, con poco rigor se tiraron por los acantilados materiales originales y piezas valiosas, como sepulcros de piedra.

Cuando en 1886 se levantó la actual edificación, del arquitecto Severino Achúcarro Mocoroa, la estructura sufrió grandes cambios, incluso de orientación.

Un grave incendio intencionado devastó el templo el 10 de octubre de 1978, a resultas del cual solo quedaron en pie los muros. Los autores, además, arrojaron la imagen de la cabeza del santo peñas abajo. Pero centenares de voluntarios se implicaron en la reconstrucción de esta importante seña de identidad y la colecta de donativos alcanzó seis millones de pesetas. La rehabilitación se inauguró el 24 de junio de 1980. La pila bautismal medieval se perdió entre los escombros.

Impulsada por el párroco de Santa María de Bermeo, Ramón Mendizábal, nació la Comisión de Mantenimiento. Sus miembros, que muchos llaman Guardianes de Gaztelugatxe, realizan labores de mejora y conservación del entorno. Son un grupo de hombres, la mayoría jubilados, que van los sábados desde muy temprano a limpiar y cuidar el santuario altruistamente.

Durante un temporal en 2014, un rayo afectó al tejado de la ermita y destrozó la instalación eléctrica, pues los pararrayos apenas pueden contener la fuerza de la naturaleza en un enclave tan expuesto a ella.

La campana de la ermita dicta la tradición se debe tocar 3 veces para que traiga buena fortuna, aunque algunos aseguran que el número de repiques debe ser 13. La más reciente se instaló el 24 de junio de 2015; la cuerda se ha retirado para que los tañidos de tantos visitantes no causen molestias a las aves marinas que habitan Gaztelugatxe. 

Paredes y techos del interior de la ermita están ornados con figuras religiosas, pinturas con embarcaciones en peligro de naufragio y maquetas de barcos. Son exvotos y ofrendas de marineros salvados del mar, o están relacionados con relevantes sucesos acaecidos en la zona, como la batalla del Cabo Machichaco producida el 5 de marzo de 1937 durante la Guerra Civil y la galerna de dimensiones descomunales ocurrida la noche del 12 al 13 de agosto de 1912, que segó la vida de 143 hombres, 116 de ellos bermeanos, mientras faenaban a 45 millas del cabo Machichaco. Fue la mayor tragedia marítima de la historia en España, asistiendo Alfonso XIII al funeral por las víctimas.

Es costumbre, al inicio de la costera del bonito, que los barcos de pesca de Bermeo se acerquen a San Juan de Gaztelugatxe y giren tres vueltas a babor y otras tantas a estribor, haciendo sonar la sirena al final de cada recorrido mientras dirigen la proa hacia la ermita, para pedir al santo proteja el barco y conceda una buena temporada de pesca.

También el sitio protagoniza leyendas transmitidas de generación en generación, como parte del folclore vasco.

En una, un caballero, por salvar a su amada prisionera allí, pactó con el diablo construir un puente que le permitiera llegar hasta ella para liberarla. Después de rescatarla, el enamorado se arrepintió de sus tratos con el maligno y destruyó el puente, motivo por el que la isla es inaccesible hoy.

Otra, cuenta que San Juan Bautista derrotó y lanzó al mar a un dragón que habitaba el islote, librándolo así de su maléfica presencia; y las peculiares formas rocosas de alrededor serían consecuencia de aquella lid entre colosos.

El templo permanece cerrado y solo se abre para actos religiosos en festividades locales: el 24 de junio, natividad de San Juan, cuando se oficia el mayor número de misas, una decena; el día de San Ignacio de Loyola, 31 de julio, que se dicen tres; y otras tantas por San Juan Degollado, el 29 de agosto. Por último, el 30 de diciembre se celebra una.

Además de acoger cada año más de una veintena de bodas, Gaztelugatxe es un importante destino de peregrinación, participando en especial los vecinos de Bakio, Bermeo, Arrieta y Meñaka. El 24 de junio se acude en romería a pie para cumplir promesas o dar gracias al santo, devoción documentada al menos desde 1687. Asisten unas 20.000 personas.

Una imagen de bronce de la Virgen de Begoña (la 'Amatxu', patrona de Bilbao y Vizcaya), de 1,20 m de altura y 850 kg de peso, de autoría de Joaquín Lucarini, fue sumergida entre 10 y 12 m de profundidad en el mar bajo los arcos naturales del islote de Aquech. Se entronizó allí el 15 de septiembre de 1963, protectora de submarinistas y marineros. Con marea baja es posible verla. El Centro Excursionista Vizcaíno de Actividades Subacuáticas (CEVAS), promotor de la iniciativa, ha señalizado su situación con una boya. Hay una réplica de la estatua en la iglesia de San Francisco en Bermeo, junto con otra de la cabeza de San Juan Bautista. Cada aniversario de su inmersión, tiene lugar un homenaje popular en el que participan embarcaciones del puerto de Bermeo. Tras la ceremonia en tierra, varios buzos descienden al fondo marino para depositar ramos de flores y limpiar la figura.

El padre Ramón Mendizábal falleció el 30 de diciembre de 1993 y siempre en esa fecha en el santuario a las 5 se celebra una misa en su recuerdo, así como en el de los amigos difuntos de San Juan de Gaztelugatxe. A su término, ya anochecido, la comisión de mantenimiento reparte chocolate caliente y pinchos a los asistentes. La solemnidad del 24 de junio y el 30 de diciembre se realza con el encendido de las luces del puente de piedra de San Juan de Gaztelugatxe cuando ha caído el sol. 

Las mujeres que desean ser madres han acudido desde hace siglos al emblemático recinto religioso, depositando ropas infantiles ante una talla gótica del siglo XIV de Santa Ana con la Virgen y el Niño, a la que piden hacer realidad su anhelo. Desde 1981 esta escultura se encuentra en la parroquia de Santa Eufemia de Bermeo y los rituales populares continúan ante la nueva imagen de la Inmaculada Concepción en el interior de San Juan de Gaztelugatxe. También quienes padecían intensas migrañas o sufrían de insomnio, era costumbre que frecuentaran la ermita y voltearan la campana adosada a la pared rezando por su curación.

Por San Juan, en Gaztelugatxe se recogían o adquirían collares de hierbas y flores que se colgaban del cuello y posteriormente se conservaban en casa. Poseían las mismas cualidades que los San Juan Bedarrak, los tradicionales ramos recolectados la víspera de San Juan, que bendecidos en misa, se colocan en los hogares para ampararlos a lo largo del año.

Por su riqueza paisajística y natural, Gaztelugatxe fue declarado en 1998 Biotopo Protegido, y en 2013 se integró en la Red Natura 2000, siendo Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA).

El 6 de enero de 2021 se produjo un desprendimiento de tierras de grandes dimensiones que afectó a los caminos de entrada a la isla, detectándose en la ladera una profunda grieta de 50 metros. Fue preciso clausurar los accesos durante más de un año mientras se realizaban actuaciones de seguridad de envergadura, así como otros cinco meses entre 2023 y 2024 con idéntica finalidad.

Si ya el enclave aumentó su popularidad cuando la famosa presentadora Anne Igartiburu contrajo allí matrimonio con el bailarín Igor Yebra en 2004, el punto de inflexión lo marcó su transformación en octubre de 2016 en plató de rodaje de la séptima temporada de la serie de HBO Juego de Tronos, siendo recreado de nuevo en 2022, en su precuela La Casa del Dragón. Gaztelugatxe encarnó a Rocadragón, el hogar de Daenerys Targaryen, con un imponente castillo sustituyendo digitalmente a la humilde ermita.  

Su aparición en la pantalla ante millones de espectadores aumentó exponencialmente el número de visitantes venidos de todos los rincones y la masificación obligó a la Diputación de Vizcaya a limitar el paso, con el fin de preservar el lugar, a 1.462 personas al día con reserva previa. Pero quienes van, no lo olvidan jamás.

Fotografías: Gabriela Torregrosa