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De mal gusto

Por Miguel Ángel Fernández.

El final de un ícono eterno que cambió la moda para siempre


Con el final de 'And Just Like That', la secuela que nos permitió reencontrarnos con los personajes de 'Sex and the City', es inevitable reflexionar sobre el legado de Carrie Bradshaw, un personaje que ha trascendido la televisión para convertirse en una figura esencial en la historia de la moda.

Más allá de su papel como escritora y cronista de la vida sentimental neoyorquina, Carrie ha sido y seguirá siendo una musa revolucionaria que reconfiguró la forma en que entendemos el estilo personal. Desde sus primeros pasos por las calles de Manhattan hasta sus últimos looks en esta nueva etapa, Carrie Bradshaw ha demostrado que la moda es una herramienta de expresión individual, una forma de arte y una declaración de intenciones.

Su armario era una mezcla audaz de alta costura, vintage, hallazgos de mercadillo y grandes nombres como Manolo Blahnik, Dior, Vivienne Westwood o Halston. Pero más allá de las etiquetas, lo importante era la actitud: Carrie se vestía para ella misma, sin pedir permiso y sin miedo al juicio ajeno.

En una época en la que las protagonistas femeninas de la televisión aún estaban sujetas a estereotipos estéticos rígidos, Carrie rompió moldes. Patricia Field, la legendaria diseñadora de vestuario de 'Sex and the City', construyó con ella un estilo que mezclaba lo teatral con lo cotidiano, lo aspiracional con lo accesible. ¿Quién más podía llevar un tutú en plena calle o combinar una chaqueta Dior con una camiseta vieja y lograr que todo el mundo quisiera imitarlas?

Pero el verdadero impacto de Carrie va más allá de los conjuntos icónicos. Su influencia reside en cómo nos enseñó a disfrutar la moda sin culpa, sin reglas estrictas, sin miedo al exceso ni al fracaso estilístico. Carrie se permitió experimentar, equivocarse, reinventarse. Nos dio permiso a todos para hacer lo mismo.

En 'And Just Like That', aunque el personaje ha madurado, su esencia sigue intacta. Ya no se trata solo de tendencias o de piezas de lujo: se trata de autenticidad. Carrie sigue demostrando que el estilo no tiene edad y que la moda puede acompañarnos en todas las etapas de la vida, como una extensión de lo que somos y sentimos.

Hoy, al despedirnos, teóricamente para siempre, de Carrie Bradshaw, celebramos su legado. Porque si bien no todos podemos, ni queremos, vivir en un apartamento del Upper East Side lleno de zapatos de diseñador, todos podemos encontrar inspiración en su valentía para vestirse como una misma, para narrar su vida con tejidos, colores y formas.

En un mundo que muchas veces insiste en uniformarnos, Carrie nos recuerda que ser diferente es una virtud, y que la moda, bien entendida, puede ser el acto más poderoso de amor propio.

Y así, como diría ella... "And just like that, Carrie Bradshaw se convirtió en un ícono eterno".