
Se acerca Navidad y el periodo mágico de los regalos. Niños y mayores, todos disfrutamos de esa sorpresa envuelta en papel de colores. Pero las Navidades de este año nos vuelven a recordar que hay muchos millones de personas que están viviendo bajo las amenazas de las bombas y de la muerte. Ni siquiera los que estamos lejos de los conflictos armados podemos liberarnos de la amenaza de la guerra. Guerras de sangre, pero también guerras verbales.
Veinte siglos de cristianismo , y en Europa y en España seguimos odiándonos. Una religión que defiende la hermandad universal se nos ha quedada en la piel que cubre nuestro cuerpo, sin llegar a lo profundo de nuestra alma. En los últimos tiempos se nos repite por las redes: "Europa es cristiana, no es musulmana", una frase llena de racismo y de odio, es decir una frase que, pura contradicción, no es cristiana, pues una Europa cristiana debe ser de todos y de todas las religiones.
De acuerdo que las raíces de Europa son sobre todo cristianas, pero también lo son judías y musulmanas. Y si argumentamos que las relaciones con los judíos y musulmanes fueron más bien de guerra que de paz, también podemos decir que las relaciones entre los diversos países de Europa, todos ellos cristianos, se han caracterizado más por la guerra que por la paz. ¿Acaso no son tan cristianos los rusos como los ucranianos?
Entre los valores más característicos del cristianismo están la solidaridad, la hermandad universal y el perdón, es decir valores típicamente sociales, que deberían contribuir a nuestra convivencia pacífica y feliz. Frente al "ojo por ojo" el cristianismo propone el perdón. No es que el cristianismo se oponga a la justicia, pero sí al odio, y una justicia con odio o con rencor no es justicia, es venganza. En términos actuales diríamos: nadie se puede oponer a que los familiares quieran encontrar los cuerpos de sus seres queridos, pero eso no puede ser motivo para que se fomente el odio. Eso no es justicia, eso es venganza. Nadie se opone a que se regule la entrada de emigrantes, pero eso no significa poder negar la entrada a todo el mundo y menos a los que vienen pidiendo asilo y trabajo. Eso tampoco es justicia
Por otro lado, tenemos que reconocer que en Europa y en España también hay mucha solidaridad. La Unión Europea está muy por encima del resto de mundo en cuanto a solidaridad. También hay mucho perdón en Europa: Francia y Alemania lograron reconciliarse después de siglos de enemistad y de guerras, en parte gracias a dos políticos cristianos, Adenauer y Schuman. También los españoles habíamos logrado perdonarnos y reconciliarnos después de siglos de guerras civiles, pero, ay, debido exclusivamente a unos políticos corruptos y mediocres, volvieron a aparecer los odios y los antiguos demonios.
Se acerca la Navidad, la Navidad de la solidaridad, de la reconciliación y del perdón, la Navidad del belén, que no debería quedar oculta por la Navidad del Papa Noel, una Navidad que los ciudadanos sabemos que es posible.
Qué feliz sería la sociedad sin odio y sin rencor. Qué ejemplo para la sociedad unos políticos que, en lugar de odiarse y enseñarnos a odiar, nos enseñaran a dialogar. Qué feliz seríamos con una Navidad sin guerras de sangre y sin las guerras verbales de nuestros políticos, una navidad sin odio.