
"Si un escritor sabe suficiente sobre lo que está escribiendo, puede omitir cosas que sabe, y si escribe con suficiente verdad, el lector tendrá de esas cosas un sentimiento tan fuerte como si el escritor las hubiera expresado." - Ernest Hemingway.
Con este americano Premio Pulitzer y Premio Nobel vamos a dar un giro a nuestro taller y vamos a aprender a quitar. Vamos a podar el adjetivo, a castrar la emoción evidente y a dejar que sea la estructura la que sostenga el drama. Hemingway decía que un relato es como un iceberg: solo se ve una octava parte, pero es la fuerza de las siete octavas partes sumergidas lo que le da estabilidad. ¡Dejemos actuar al lector!
No vamos a hablar de 'amor', vamos a hablar de cómo alguien aparta la vista. No vamos a hablar de "miedo", vamos a describir el sudor en el cuello de una botella de cerveza.
La técnica: El dato escondido
Escribir no es explicar o, al menos, no todo, es mostrar. Si en la sesión anterior dábamos alma a los objetos, hoy los objetos son testigos mudos y fríos.
En lugar de buscar el 'corazón', hoy buscaremos la tensión superficial y para ello os propongo que observéis a vuestro alrededor y anotéis en ese cuaderno que ya ha pasado a ser un compañero fiel:
Tabla de Referencias: La Maestría de la Omisión

Escribe durante 5-7 minutos un diálogo entre dos personajes sobre un objeto cualquiera (una maleta, un cuadro, un teléfono...).
Ejemplo a la manera de Hemingway:
- Es un buen cuadro -dijo él.
- Sí. El marco es de madera -respondió ella.
- Pesará mucho en la caja.
- No importa. No pienso llevarlo lejos.
El camarero trajo otras dos cervezas. Estaban frías. El hombre miró el tren que llegaba al fondo del valle.
Ahora, que ya vamos avanzando mucho en este taller, empieza a definir tu estilo, decide si te gusta más ir al detalle y describirlo todo concienzudamente o, por el
contrario, eres de frases directas y sencillas. Si te gusta más lo nimio o pasarlo de largo para centrarte en lo importante. Si crees que es mejor contarlo todo o dejar espacio a la imaginación del lector.
A la vez que aprendemos debemos empezar a dejar nuestra impronta, esa es nuestra contribución.
¡Ánimo!