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Liderazgo y motivación personal

Por Roberto Serna

Decide hacer algo bueno por ti mismo


Habría que pensarse si lo que hacemos está estimulado más por el miedo a perder que por el deseo de ganar.

¿Cómo de importante consideras salvar un matrimonio que ya no funciona? ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a aguantar las pérdidas de un negocio que no funciona antes de echar el cierre? En la década en la que deberíamos estar convirtiéndonos en hombres y mujeres cada vez más sabios y fuertes, la tónica habitual es que perdemos demasiadas cosas en la vida por cobardía. Lo más triste es que no solo no hacemos todo lo que podemos, sino que además no nos sentimos culpables por ello.

¿Cómo puede nadie sentirse bien si ni siquiera enfrenta los problemas que se le presentan por naturaleza? ¿Cómo va entonces a protegerse a sí mismo? Pasados los años en que padres y muchas más personas mayores de edad resolvían todos nuestros asuntos, ha llegado la hora en la que desprenderse de la piel protectora de quienes no serán eternos ni querrán vernos vulnerables para convertirnos en personas que se enfrentan a sus peores condiciones, sean las que sean.

Deberías saber que del dicho al hecho hay años luz de distancia. Fíjate en todas esas personas que fingen estar ocupadas todo el tiempo, que se rodean de un aura de confianza con la que convencen al mundo de que son gente que sabe lo que hace, pero a la hora de la verdad los ves sufrir y caer antes que nadie. Se mueren de miedo, pero lo tratan de fingir hasta que ya no pueden más y terminan por hundirse. Cuando veo a esas personas, yo mismo fui una hace ya muchos años, lo que siento es lástima. Una de las peores cosas que puedes hacer es disimular que no eres tan fuerte como parece que tienes que ser. Si tienes que sufrir pues sufre, y si se tiene que notar pues que se note, lo que no puedes permitirte es pensar que está bien ser así. Ni conviene fingir ni conviene estancarse en la desgracia, lo que hay que hacer es armarse de valor y pelear.

Yo no fingiría nada más que para aguantarme las ganas de ir al baño. Piensa, ¿todas las personas a las que admiras, han tenido que fingir o realmente eran buenos actores, buenos deportistas o buenos amigos? En la época en la que la tecnología está convirtiendo en héroes a personas que no son más que un fraude, tú y yo sabemos de buena tinta quiénes se esconden detrás de tanta fama. Así que mi primer, último y único consejo es que no seas lo que no eres. Aunque te consideres poca cosa seguramente tengas mucho más que ofrecer que lo que las redes sociales te han hecho creer. No les hables a tus amigos de cosas que no te interesan solo con la finalidad de impresionar. Si son tus amigos te van a querer igual por muy deficiente que seas hablando de historia del arte. Si alguien no lo hace, si alguien se delata y trata de derribarte haciéndote sentir mal por no estar a la altura de la conversación habrás ganado un premio que pocos se atreven a recoger: la posibilidad de sacar una garrapata del jardín antes de que lo infecte todo.

Las personas vengativas y envidiosas son las que menos respetan las opiniones de otros, especialmente las de aquellos a quienes ellos dicen considerar amigos. Nada más lejos de la realidad, es su fácil acceso a tu tiempo lo que les permite hacerse profesionales en tus debilidades. Pasa lo mismo con la publicidad a día de hoy, una marca o empresa conoce todo de ti (porque para eso están las cookies). Cuanto más tiempo pasas en las redes tanto más te conocen y así elaboran contenidos que ellos llaman personalizados, cuando lo que hacen en realidad es mantenerte pegado a estilos de vida y personalidades de fantasía, mintiéndote hasta que creas que tu vida no vale tanto como la que ellos te proponen. Muchas enfermedades mentales surgen de conflictos así, es decir, de creer no haber sido en la vida todo lo que uno era capaz de ser. No seas vulnerable, no seas quien no eres, no te hagas sentir ridículo por ti mismo, no seas víctima de tu propia trampa. Morirás igualmente hayas sido héroe o culpable, así que por lo menos que sea porque has hecho lo que has querido en una vida que es demasiado corta como para perder el tiempo con cosas y personas que ni siquiera son importantes.