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Menudo Panorama

Por Pedro Santa Brígida

A por la segunda estrella


Me refería en este blog el pasado 18 de junio, tras al primer partido del Mundial de Fútbol contra Cabo Verde, al sofocón de la prensa deportiva española por aquel empate. Pedía un poco de calma y hablaba del elevado grado de exageración que acompaña habitualmente al periodismo patrio en los tiempos que corren. Casi un mes después, volvemos a las mismas, pero al revés. Ahora vamos a merendarnos a cualquier equipo que se ponga por delante. Tampoco es eso.

Entiendo la euforia, pero el deporte, como la vida, a menudo no sigue las previsiones. Hemos ganado a Francia en semifinales, sí, y estamos en la final de la Copa del Mundo, sí. Pero aún no hemos ganado el título. El otro equipo (a la hora de escribir este artículo todavía no se conoce) también juega, compite y cuenta con sus talentos y posibilidades. Ni hace un mes la selección española era un grupo de becarios en esto del balompié ni ahora somos el mejor equipo de la historia dando patadas a un balón. Hemos hecho un gran encuentro contra nuestros vecinos del norte, nada más (y nada menos). Todavía queda mucha tela que cortar en Nueva York el domingo 19 de julio para traer el trofeo a España.

Uno de los detalles que más me ha gustado de la victoria española en semis ha sido contrastar como la Inteligencia Artificial ha errado. Y de qué manera. Todos los algoritmos de todos los sistemas de AI daban a Francia como ganadora. No había opciones para los nuestros. Pues toma del frasco Carrasco, el equipo español le dio un buen repaso al equipo francés. La última tecnología todavía no contempla el factor humano. Es lo que tiene la estadística fría, que acierta mucho, pero no siempre.

Pero, sin duda alguna, para mí lo mejor de lo ocurrido hasta la fecha en la Copa del Mundo de Fútbol 2026 es volver a ver a un país entero disfrutando (salvo las excepciones de rigor), unidos, sin boinas locales, sin complejos de banderas, himnos o cánticos. Es el equipo de todos. O debería serlo, pese a quien pese. Sin mirar la partida de nacimiento de los jugadores ni el equipo de referencia, la afición ha podido años después volver a sentir cierto sentido de pertenencia a algo común. El deporte, en este caso el fútbol, tiene esa capacidad de sumar sensaciones y sentimientos. He visto nuevamente casos de personas que jamás han seguido el balompié, disfrutando como el que más en el bar o la reunión de amigos de turno. Dentro de unos días volveremos a la normalidad. Al panfleto, a la narrativa del poder y al color del cristal con el que miramos.

Hasta entonces disfrutemos de este Mundial. Es la segunda vez en la historia que llegamos a una final. No estamos muy habituados, como los brasileños, los argentinos, los franceses o los alemanes. Esperemos que se repita el resultado de 2010 y volvamos a levantar la copa. No será sencillo porque, insisto, el otro equipo también juega y los detalles a veces inclinan la balanza hacia uno u otro lado. Y la maldita o bendita suerte también algo que decir en cualquier competición deportiva. O de la vida en general.

Nadie nos podrá quitar hasta el próximo domingo la ilusión de vernos ganadores de la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá. De momento, España ha demostrado ser un equipazo, disponer de mimbres para alcanzar la gloria. Pero no olvidemos, que sólo es deporte, lo fundamental de la vida son otras cuestiones.

Es el momento de ir a por la segunda estrella. Espero acordarme dentro de unos años de dónde y con quién estaba el 19 de julio de 2026, como recuerdo dónde y con quién disfruté de aquel partido del 11 de julio de 2010.