
Se miré como se miré, con el color del cristal que se elija, la situación de Ceuta se ha enquistado por manifiesta negligencia e incompetencia de quienes nos gobiernan. Casi dos meses después de la organizada invasión de la ciudad la normalidad se ha convertido en una quimera. La vida diaria de los ceutís tiene pinta de que jamás volverá a ser la misma, entre otras razones porque desde Marruecos hay sectores que están promoviendo la intensificación del conflicto y porque, según todos los indicios, el precio de la quimera de la conquista de Ceuta y Melilla se exhibe como trofeo en las luchas internas por ocupar los espacios de poder en una monarquía a cuyo titular se le detecta una manifiesta precariedad de salud.
Días atrás, un tal Yahya Mohamed, exsenador del Reino Alauí, exalcalde de Beni Enzar y líder del desaparecido Comité Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla, un radical prófugo de la justicia europea, condenado por diversos delitos en España e Italia, grabó un video ante el consulado español de Nador en el que dice, literalmente, que "derramaremos hasta la última gota de nuestra sangre" si Felipe VI visita Ceuta. Evidentemente, este tipo no perderá centilitro alguno de la suya porque es de esos espabilados que azuzan a otros infelices a hacerlo. En todo caso, el video se ha viralizado, añadiendo mas leña al fuego. La incitación a la violencia es un hecho contrastado.
Desde el 30 de julio han sido expulsados de Ceuta más de 250 inmigrantes ilegales por haber cometido delitos (sexuales, agresiones con heridos y robos con violencia, principalmente). Además de los 7.500 menores y adultos acogidos en campamentos oficiales, todavía vagan por la ciudad y duermen en las playas y en los montes que rodean la ciudad otros tres o cuatro mil, según datos del propio Gobierno, que después de tantos días no ha sido capaz de contabilizar a quienes cruzaron de aquella manera la frontera. Sin un horizonte claro, agotados, hambrientos, asustados y hastiados de la situación, cada día regresan a Marruecos decenas de ellos.
No hay cifras oficiales, pero la prensa ceutí informa de que en estas semanas han sido desmantelados unos cuantos pisos patera, donde se hacinan decenas de individuos que pagan una cantidad económica por dormir bajo techo. En los asentamientos de las playas y montes se pueden ver pequeños mercadillos de comida, vestuario alcohol y otras sustancias... Y por si no fuera suficiente con lo que se está sucediendo, las redes sociales no dejan de alentar nuevos asaltos masivos a la ciudad española (también a Melilla), al tiempo que el comercio de la ciudad cae en picado porque ya nadie de fuera va a Ceuta de compras.
El presidente Sánchez anunció en sede parlamentaria que la normalidad no volverá a Ceuta antes de final de año. Para ello, hay que repartir por la península a los menores y buscar una solución con los adultos, que la Unión Europea no quiere en su territorio. Veremos hasta dónde alcanza el entendimiento político interterritorial, la labor de la diplomacia y las habilidades del ministro ‘influencer’ Albares con nuestro vecino del sur. También habrá que comprobar qué tal sienta el final del verano en los campamentos de exiguos chiringuitos que se han fabricado los migrantes para alojarse. La actitud de Marruecos, la fatiga, el frío y la ausencia de expectativas pueden resultar determinantes a la hora de ver cual es el punto final de toda esta historia. Si es que lo hay. De momento, son evidentes los intentos de los más jóvenes de jugarse la vida, colándose en cualquier transporte que cruce el estrecho con dirección a la Península, tal y como ocurrió con el autobús del Real Valladolid.
No soy nada optimista. No se podían haber hecho peor las cosas hasta la fecha por parte de nuestros dirigentes políticos. La ineficacia, cuando no negligencia, el retraso en la toma de decisiones y la constante búsqueda del fatídico relato político de este Gobierno pone contra las cuerdas la paciencia de los ceutís, que han perdido la normalidad en su querida ciudad porque quienes tenían la responsabilidad de velar por las fronteras no se enteraron o no se quisieron enterar de una avalancha de más de ochenta mil personas. Está muy bien que el resto de los españoles nos solidaricemos con Ceuta, pero no es suficiente.
Y nadie tiene la más mínima vergüenza, torera o de la otra, de marcharse cabizbajo a su casa, de dimitir, salvo un jefe de gabinete al que han obligado. Nos hemos convertido en una caricatura de país, donde el gas pimienta se ha convertido en una popular arma defensiva y... ofensiva.