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Menudo Panorama

Por Pedro Santa Brígida

El Papa amansa a las fieras


Todavía no me he repuesto de la imagen del Papa en el Congreso ante tanto monaguillo laico. Hasta los más ateos aplaudieron, con cara de póker en algunos casos, la retahíla de principios católicos que se escucharon en el hemiciclo. A la salida, como es habitual entre la clase política, cada cual arrimó el ascua a su sardina. De cara a la galería, todos convencidos de que ciertos axiomas de sus ideologías recibieron la bendición del jefe de la Iglesia de Roma. Como dijo Enrique Tierno Galván en 1985 y plagia a menudo Juan Carlos Monedero, "Dios no abandona nunca a un buen marxista".

La visita de León XIV a España ha demostrado la universalidad de su mensaje. Salvo Podemos y los independentistas, molestos con la presencia del Santo Padre en el Parlamento, y Vox, aliado de Trump en su batalla con él, el resto se identificaron con unas u otras aseveraciones respecto a la inmigración, la guerra, la inteligencia artificial, la eutanasia o el aborto. Todos contentos, pese a la ausencia de referencias en el hemiciclo a los abusos sexuales responsabilidad del clero eclesiástico. El estadounidense Robert Prevost decidió dejar el delicado asunto para la reunión con los obispos, a quienes reclamó dar la cara por el daño infligido a las víctima: "Verdad, justicia y reparación ante la plaga de abusos".

Aunque sus señorías lo han escuchado en persona, deben considerar que no va con ellos eso del "respeto a quien piensa distinto", el rechazo a la cultura del enfrentamiento y a las narrativas de polarización, la continua humillación al contrario político o las llamadas a la tolerancia y la convivencia sana. Las miradas y acciones de las portavoces de Junts, Miriam Nogueras, y Bildu, Mertxe Aizpurua, son el palmario ejemplo de lo dicho. La diputada catalana fue, sin duda alguna, la que se llevó el premio al ridículo más cateto de la visita papal, superando incluso las necias comparaciones de Jone Belarra con los ayatollah. Mención aparte merece que un católico declarado como Santiago Abascal no asistiera a la multitudinaria misa en el centro de Madrid.

Otro momentazo para la historia lo protagonizaron Isabel Díaz Ayuso (en su salsa) y Yolanda Díaz (fuera de lugar), que tuvieron que aguantar sentadas codo con codo un par de horas en el acto celebrado en un Estadio Santiago Bernabeu lleno hasta la bandera. No ocurrió lo mismo en la misa celebrada en el Estadio Olímpico de Barcelona, donde el realizador de turno evitó a toda costa los planos generales para que no se vieran los enormes huecos en la grada. El Papa habló en catalán como estaba previsto antes de que Nogueras hiciera el ridículo y superó por abrumadora goleada mundialista el boicot anunciado a bombo y platillo por radicales e independentistas en Barcelona. Y la bendición papal de la inaugurada torre de Jesucristo de la Sagrada Familia de Gaudí se ha llevado la palma en cuanto al evento religioso más vistoso y singular del periplo del Papa en España.

Además de visitar una prisión en Barcelona y un centro de Cáritas  que atiende en Madrid a personas sin techo, el detalle más solidario y más significativo internacionalmente de todo el programa de León XIV será la visita a los centros de acogida de inmigrantes de Arguineguín en Gran Canaria y Las Raíces en Tenerife. En el siglo XXI la migración debería ser uno de los retos a resolver por el conjunto de la humanidad. Mejor más pronto que tarde.

La intensa agenda del Papa en España ha movilizado a millones de ciudadanos, ha congregado enormes multitudes, ha generado alegría, sentimientos y lagrimas en la comunidad católica. La emoción de esas madres y padres cuyos bebés eran llevados en volandas por los miembros de seguridad hasta el papamóvil para recibir la bendición de León XIV resume a la perfección unos días que quedarán grabados para siempre en la memoria de una gran parte de la ciudadanía y nada significarán para otra.

Vitaminas para los creyentes, indiferencia en mayor o menor grado para agnósticos, ateos y afines a otras creencias. De lo que no cabe duda es de que Robert Prevost es un Papa capaz de ilusionar y motivar a su parroquia, incluso de caer bien a personas aconfesionales o a quienes no comulgan con sus ideas. Y, visto lo visto, hasta de amansar a las fieras que detestan todo lo que representa. Me caía bien el Papa Francisco. Después de escucharle hablar y de la coherencia que trasmite, también me que quito el sombrero ante León XIV.