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Menudo Panorama

Por Pedro Santa Brígida

El puto amo


Hubo un tiempo en el que una gran parte de la clase dirigente española guardaba las formas, al menos en la apariencia. Cierto es que siempre ha habido algún que otro alterado, macarra, disidente, extremista, aprovechado o antisistema pululando por los pasillos de las instituciones públicas del Estado, particularmente en los niveles más locales. La política nacional, en general, estaba reservada antaño a personas que sabían comportarse, en público al menos. Incluso demostraban oratoria.

Hoy en día, en los pasillos del Congreso de los Diputados y en el Senado abundan los personajes casi más que las personas, los ‘hooligans’ frente a los sensatos. En la mayoría de los partidos políticos hay demasiado siervo y escasa autocrítica. Mucho fariseo del relato oficial (el feminismo es el gran ejemplo del momento) y demasiada gente buscándose la vida, literalmente. Sin olvidar a todos aquellos aficionados a dar el cante. Sonrojo ninguno. Vergüenza cero. Y funciona, según parece.

Los ciudadanos nos hemos acostumbrado a ver en algunos de quienes nos gobiernan lo más burdo y cutre, cuando no delictivo, del comportamiento humano. La corrupción campa a sus anchas porque soy de los convencidos de que sólo conocemos las puntas de los todos los icebergs que se van sucediendo en este océano de fechorías y maleantes con protagonistas asiduos de moquetas y coches oficiales. No hay responsabilidad política alguna. "Ande yo caliente y ríase la gente", que recoge el saber popular patrio.

Y como tampoco vamos a flagelarnos más de la cuenta y "habas se cuecen en todas partes", conviene recordar que lo que sucede en España tiene sus semejanzas en medio mundo, incluso multiplicadas por ni se sabe, sin que haga falta recurrir a las manidas dictaduras. Y con mangantes mucho peores en todos los sentidos. Ya se sabe, "mal de muchos, remedio de tontos".

No es consuelo para las vergüenzas propias haber asistido días atrás al sainete escenificado en la Casa Blanca, cuando el presidente de Israel, Netanyahu, propuso ante las oportunas cámaras y micrófonos al mismísimo Trump para el Premio Nobel de la Paz. Otro galardón que ya ha sido desprestigiado en anteriores ocasiones con reconocimientos inverosímiles. Cosas de la, a veces, penosa diplomacia internacional. Aunque Putin también figura entre los aspirantes, el presidente americano tiene todo el aspecto de ser de los que se considera el verdadero puto amo, expresión que ha elevado a los altares recientemente el ministro Puente, conocido por su afición a la dialéctica entre irónica y venenosa.

Impresionado me quedo – como todos los diputados, aunque estos disimulan mejor - cuando la medida estrella propuesta por el presidente del Gobierno esta semana para  combatir la corrupción es la creación de una oficina anticorrupción. De verdad, ¿otro chiringuito público inútil para colocar afines y vender motos, que por supuesto costearemos los paganos de siempre? Hay que tener... valor y luces. Y a todo esto, ¿a qué se dedica la Fiscalía Anticorrupción? Ahora alcanzo a entender por qué el exalcalde de Valladolid considera a Sánchez el puto amo.