
Recuerdo al ex presidente Zapatero afirmar con su habitual convicción que el final de ETA estaba a la vuelta de la esquina. Horas después, 30 de diciembre de 2006, un atentado con coche bomba en la T4 del aeropuerto de Barajas - dos muertos - retrataba su intuición de estadista y el grado de información gubernamental. Quienes ostentan el poder que les ha otorgado la ciudadanía deberían practicar con mayor determinación la prudencia y la humildad.
No hace tanto tiempo, el 17 de septiembre de 2024, el ministro Óscar Puente, en una intervención en el Senado, dejó otra frase para la historia del pensamiento político contemporáneo: 'El ferrocarril vive el mejor momento de su historia en España'. Otro ejemplo que evidencia que las frases grandilocuentes, aderezadas con ciertas dosis de soberbia, no son adecuadas cuando se ejercen responsabilidades públicas. La realidad es tozuda. Y cruel, en los dos casos citados.
Llevamos unos días de vértigo en las vías del tren. Un grave siniestro en la localidad cordobesa de Adamuz, con decenas de muertos, y un accidente en Gelida (Barcelona) han alterado el estado de ánimo del personal, que ya venía calentito, entre otras razones por los numerosos incidentes de los últimos años en los trenes que han dejado tirados, de día, de noche, con frío o con excesivo calor, en medio de la nada, a montones de pasajeros.
Algunos de los representantes de los sindicatos de maquinistas han dejado patente su malestar con Adif y con el Ministerio de Transportes por no escuchar sus advertencias sobre el mal estado de algunos tramos de vías. Las sonoras vibraciones en el interior de los trenes no han recibido la debida atención. Como no se ponen de acuerdo entre ellos, anuncian paros y huelgas en un sector en el que las inversiones en mantenimiento y sustitución de infraestructuras no son acordes a las dimensiones del actual tráfico que circula por las vías españolas, lamentan.
Después de la reciente desgracia nacional que nos acongoja, ahora se decide limitar a 160 km/h la velocidad de determinados trenes en algunos tramos, cuando nos habían contado hace nada que el plan era elevarla a 350 km/h. El Gobierno reclama que no se saquen conclusiones precipitadas, que no se politice el drama, que no se intente rentabilizar la muerte (¿como sucedió con la Dana?). Hay que desechar las informaciones y opiniones no oficiales, subrayan. Lo conveniente es esperar a conocer el resultado de las investigaciones que se llevan a cabo sobre las causas del siniestro.
Adif está en el punto de mira de la ciudadanía debido a las denuncias públicas de algunos sindicatos. Además de ser ninguneados, afirman que, para reducir costes, se ha permitido reutilizar materiales en las reformas de la línea Madrid-Sevilla. El administrador de infraestructuras ferroviarias está en tela de juicio por lo ocurrido con su ex presidenta, Isabel Pardo de Vera, imputada por supuesta malversación, cohecho, tráfico de influencias y pertenencia a organización criminal, que estaba al frente de este organismo público cuando se licitaron las obras de sustitución de infraestructuras del tramo de alta velocidad afectado por la tragedia de Adamuz. También conviene recordar que Ábalos, el anterior ministro de Transportes, está en la cárcel y que en los últimos años Adif ha sido una especie de agencia de colocación de conocidos personajes que ahora se enfrentan a la justicia.
A menudo, nuestros dirigentes confunden las declaraciones institucionales con sus mítines de partido, el Boletín Oficial del Estado con Twitter (X) o Tiktok, la realidad con su ficción. Son los tiempos que corren. A ver si esta vez conocemos de verdad los motivos por los que hay un montón de familias españolas destrozadas. Y, llegado el caso, con las correspondientes responsabilidades penales y políticas incluidas. Merecemos una buena dosis de transparencia. Más gestión y menos ideología barata.