
Aludiendo al título de este blog, menudo panorama se encuentra uno a la vuelta de las vacaciones. Por si con el desastre de Ceuta no tuviéramos suficientes motivos como para llorar de pena (o de contenida rabia), resulta que además el sistema educativo nacional público se desmorona, el Tribunal Supremo suspende la polémica Ley de Nietos del Gobierno, mientras nos enteramos gracias al Confidencial de que el Ministerio del Interior se dedica a elaborar una lista de periodistas, según sus afinidades y querencias ideológicas.
Como el famoso descuartizador, vamos por partes. Tenemos Ceuta para rato por la flagrante inutilidad de quienes nos gobiernan, que aún no se han enterado de que gestionar la realidad es infinitamente más complejo que subirse a un atril para impartir uno de esos mítines a los que nos tienen tan acostumbrados. No se podían haber previsto y resuelto peor las cosas. Mientras que desde el principio del follón los ceutís se desgañitaban pidiendo amparo, el puto amo nos deleitaba en redes sociales con una lista de temas musicales para el verano. Demasiado tarde las decisiones, el mando único y las medidas con las que normalizar la vida de nuestros paisanos. Así nos luce y nos seguirá luciendo el pelo.
El Informe Pisa, que tanto disgusta a las comunidades autónomas que en él salen retratadas, refleja la cruda realidad del sistema educativo público español (Cataluña es el mejor ejemplo). Los datos de 2026 desploman los resultados históricos de las pruebas en el conjunto nacional. Los chavales de 15 años pierden nivel en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Para entenderlo, dicen que de media un alumno británico le saca dos cursos a uno español. Vaya, que los de 13 años de las islas son tan espabilados como los de 15 de aquí. Para hacérselo mirar. O pedirle explicaciones a la señora Celaá, esa que puso nombre a la última ley de educación, después de haber enviado a sus hijas a colegios privados (como casi todos los políticos defensores de la educación pública). El consuelo es que Castilla y León, aunque también cae, mantiene el tipo y sigue entre las tres mejores comunidades autónomas españolas en los resultados del Informe Pisa.
Y los jueces del Tribunal Supremo vuelven a reincidir. Osados ellos. Le tumban otra ley al Gobierno, esta vez la conocida como Ley de Nietos, esa que jamás pretendió alterar el censo electoral. El TS ha suspendido cautelarmente una norma que facilita que el 12 por ciento de los españoles con derecho a voto residan en el extranjero, incluso cuando muchos de ellos jamás hayan pisado suelo español. Mientras se encomiendan al afín Tribunal Constitucional, desde Moncloa se habla de provocación, lawfare, jueces fachas y demás habituales argumentos de profundo calado jurídico, como que el Tribunal Supremo hace oposición al Gobierno.
Y para rematar la faena política de este inicio de curso político, otra lista de periodistas... Estoy hasta los... de tanto iluminado defensor de la verdad única y absoluta. Las listas de plumillas y opinadores críticos son ideales para los regímenes totalitarios, donde primero te apuntan y luego te disparan, pero de verdad.
El otro gran juez Marlaska se ha vuelto a cubrir de gloria y, para más inri, dice que tan sólo "es un documento interno de trabajo". La obsesión con las opiniones libres de los periodistas se ha convertido en enfermedad. Pero qué le pasa a tanto estadista desde que este blog se cogió unas tan ¿merecidas? vacaciones como las del presidente Sánchez.
No soy nadie ni como para figurar en la lista de ilustres colegas de profesión elaborada por Interior, pero si me quieren añadir ya les digo yo como me podrían calificar: "periodista nada afín al régimen, aburrido del más penoso y peligroso Gobierno de la moderna democracia española". Y eso que los ha habido muy malos.