
Entre tanta tensión geopolítica, pendientes de las guerras y otras miserias humanas y atentos a los precios de la alimentación y la energía, todavía quedan resquicios para anotar y admirar alguna que otra tarea muy interesante que se desarrolla por el mundo. La Tierra, como parte integrante del sistema solar, tiene fecha de caducidad. Falta una barbaridad, unos cinco mil millones de años. Para entonces, si es que antes por unos u otros motivos no se ha extinguido la vida en el planeta, los seres humanos habrán emigrado necesariamente a otros lugares del universo.
La primera piedra de la conquista del espacio se puso el siglo pasado, americanos y soviéticos iniciaron la ruta. Ahora, tras años de colaboración internacional en la Estación Espacial, chinos y estadounidenses se afanan, cada uno por su cuenta, en buscar fórmulas para colonizar la Luna. Será la etapa previa a alcanzar, en un futuro aún lejano, lugares más remotos, comenzando quizá por Marte y algún satélite de nuestro propio sistema solar. Algunas fuentes afirman que los asiáticos pretenden disponer de instalaciones estables con personal en 2034. Estados Unidos lo quiere hacer a partir de 2030. Europa, como siempre, a remolque.
El habitual secretismo oficial del Gobierno chino complica conocer mejor sus planes respecto a los plazos y los objetivos concretos. Todo lo contrario ocurre con los americanos, más proclives a airear su hoja de ruta, cuyo objetivo final es contar con una colonia lunar permanente (Moon Base) destinada a que científicos de todas las especialidades participen en avances y descubrimientos para la posteridad.
Este jueves 2 de abril, salvo incidencia de última hora, la nave Orión habrá despegado desde el Centro Espacial Kennedy de Florida. En la Orión viajan cuatro astronautas que durante diez días trabajarán en la verificación de pruebas y capacidades de todos los sistemas de soporte técnico y vital de la aeronave. Se hace así realidad la misión Artemis II, que tendrá una continuación en 2027 con la Artemis III, que llevará de nuevo a nuestra especie a pisar la Luna, más de cincuenta años después de la última vez. En 2028 se prevé poner en marcha las misiones Artemis IV y V, que también pisarán el satélite, sin que se conozcan de momento los pormenores de los cometidos de dichas misiones.
En la mitología griega, la bella Artemis (Artemisa) era la hija de Zeus, hermana gemela de Apolo, la diosa de la Luna, de la caza, de la naturaleza salvaje y de la castidad, protectora de mujeres y niños. Este acertado guiño a las misiones del pasado siglo es todo un homenaje de la NASA a los pioneros de la carrera espacial, que con una tecnología infinitamente más arcaica consiguieron uno de los grandes logros, si no el que más, del siglo XX.
Como desde pequeño mantengo cierta afición a todo lo relativo al universo, los planetas, las naves espaciales y los astronautas, me produce cierta tristeza que este tipo de logros no consigan mayor reflejo en la multitud de medios de comunicación de los que disponemos en la actualidad. Me parece más que relevante que un ingeniero español, Carlos García Galán, haya sido designado como director del Proyecto Moon Base. Poco hemos oído hablar de él hasta la fecha. No menos importante es que empresas de nuestro país como GMV, Integrasys, Alter Technology y HV Sistemas participen en alguno de los procesos técnicos o que desde Tres Cantos (Madrid) Crisa y una sección española de Airbus estén contribuyendo con su trabajo al desarrollo de las misiones Artemis.
Llegar a la Luna en 1969 fue todo un hito en la historia de la humanidad. Lo recuerdo. Instalar una colonia lunar será otro momento crucial en la conquista del espacio, que sin duda quedará reflejado en los libros de historia. Es una suerte estar por aquí para verlo. Sin embargo, en un mundo que parece querer vivir demasiado deprisa, enfrascados unos en mezquindades y maldades de toda índole y la mayoría en cumplir con las exigencias de la existencia propia, a menudo apenas prestamos atención a los grandes acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Volver a la Luna es uno de ellos. Pese a que me da que aparecerán los egoístas y turbios intereses de turno que impedirán que se trate de un logro para toda la humanidad. ¿Quién controlará nuestro satélite o la navegación espacial del futuro? ¿Habrá minerales o tierras raras que determinen los equilibrios de poder en La Tierra? Ya me gustaría equivocarme, pero me temo que no tenemos remedio.