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OCIOZINE

Por Raquel W. Polo

El hombre sin miedo


Daredevil es una de las primeras series de las que os hablé, hace unos diez años, y la he vuelto a mencionar en alguna ocasión, no en vano es mi segunda serie favorita (después de Supernatural, ya sabéis).

Aunque pueda parecer lo mismo, y en la práctica lo sea, la serie que se ha estrenado en los últimos meses y cuyo episodio final (de la segunda temporada) se ha estrenado esta semana, nada menos que una nota de 9,5 en IMDb, no es daredevil a secas, sino que lleva la coletilla de Born Again

Os pongo en antecedentes brevemente. Hace poco más de una década, más o menos cuando nacía este blog, se estrenó daredevil en Netflix, una serie que tuvo tanto éxito que dio origen a varios spin-offs, casi todos tan buenos como el original. El nacimiento de Disney plus provocó la cancelación de todas ellas, con el considerable disgusto de el numerosísimo fandom, hasta que diferentes cameos en películas y series llevaron a la confirmación de un nuevo reboot, la serie de la que os hablo hoy.

Daredevil Born Again tiene los mismos actores, la misma música, el mismo espíritu, al fin y al cabo, que la original. Vamos que es otra maravilla de serie.

Nadie pensó nunca que un actor inglés pudiera interpretar al paradigma del neoyorquino, pero Charlie Cox ha hecho tan suyo el personaje, que cuando lees los cómics (cosa que estoy haciendo desde el principio, para aplacar el mono) te sorprende que no tengan su rostro dibujado. Es más, se metió tanto en el papel, que el mismo confiesa que perdió otros por olvidar eliminar la mirada perdida de ciego de Matt Murdock.

Su contraparte, el magnífico Vincent D’Onofrio, dando vida al ahora alcalde de NY, Wilson Fisk, o Kingpin, hace que odies amar al profundo y complicado villano que a veces recuerda a otros de la vida real.

Punisher y Bullseye, personajes clásicos de los cómics de Daredevil y Spiderman han encontrado también el cobijo perfecto a pesar de la brevedad, en los cuidadísimos cuerpos de Jon Bernthal y el guapísimo wilson bethel (el chico malo de pueblo de doctora en Alabama, ¿lo recordáis?)

Y entre todos los secundarios, todos ellos increíbles, quiero destacar a Michael Gandolfini, hijo del mítico Tony Soprano. Gran momento cuando su madre en la ficción le dice que su padre estaría orgulloso de él. Definitivamente el gran Michael lo estaría.

Sin destriparos nada, os diré que el episodio final de la segunda temporada ha estado lleno de sorpresas, algunas esperadas, otras definitivamente no, y nos han dejado ansiosos por la tercera, que ya se está grabando en New York.

Un auténtico must. En Disney +