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SpeaKers Corner

Por Andrés Miguel

Lección de realidad


La que se va a liar en Villamanín va a ser inolvidable, muy gorda; sin duda, todo el asunto de la venta de participaciones del número premiado con el gordo de la Lotería de Navidad va a sacar lo peor de las personas. Me temo que lo verás.

He observado que los miembros de la Comisión de Festejos que organizaron la compra de los décimos y la venta de participaciones (a razón de 5 euros por cada una de ellas, jugándose 4 euros y dedicándose 1 euros a la financiación de las próximas fiestas patronales de la localidad) han apelado a la buena voluntad de todos cuantos han resultado agraciados, incluso cediendo ellos su premio, para atender, entre todos, las 50 papeletas premiadas que se emitieron de más por error y que no están soportadas en décimos reales.

Yo, he de confesar, tiendo a creer que unos chavales que organizan esta operativa para sacar 1 euros por papeleta con el fin de elaborar unas fiestas patronales de las que se va a beneficiar toda la localidad, no estaban planificando una estafa. ¿Quién, en su sano juicio, monta una estafa para obtener 250 euros?

Pero mucho me temo que habrá quienes no estarán dispuestos a disculpar error alguno.

Por suerte, también habrá bando contrario, ése formado por personas que están valorando positivamente la tarea que los miembros de la Comisión de Festejos vienen realizando desde hace meses, su disposición al arreglo (incluso perdiendo la totalidad o gran parte de su premio) y la enorme suerte que significa haberse gastado cinco euros un día y levantarse otro con setenta y cinco mil, habiendo ayudado, asimismo, a quienes pudieran no percibir nada habiendo hecho el mismo gasto.

Me pregunto qué haríamos cada uno de nosotros si nos viésemos en ese mismo caso. ¿Qué harías tú?

Esta es una circunstancia miles de veces repetida en la larga Historia de la Humanidad, es exactamente ese tipo de situación que pone a los hombres ante sí mismos, ante su verdadero ser, y les obliga, inevitablemente, a tomar parte.

Tuve una vez un jefe que me dijo un buen día: "En materia de dinero, tu mejor cliente será siempre tu peor enemigo".

Diría yo que este buen hombre tenía razón. El dinero nos cambia, saca de nosotros la bestia ancestral y descarnada que tantas veces ha aparecido en el correr de los tiempos, ese lobo para el hombre del que nos avisaba el filósofo.

Cierto es que, en ocasiones, sabemos de grandes multimillonarios que dedican parte de sus ingresos a la beneficencia. Tiene mérito, lo reconozco, aunque el efecto de las donaciones que realizan sobre el total de sus bienes no sé si alcanzará más que una mínima parte. No obstante, cualquiera que sea el montante, es bienvenido y se convierte en una demostración de la bondad del ser humano que no puedo valorar más que con entusiasmo.

Pero no se me va de la cabeza que hay unos chavales en un pequeño pueblo de León a quienes resultar agraciados por la Lotería puede llevarlos a la cárcel por estafa, cuando lo único que se proponían era colaborar con su Ayuntamiento en la organización de las fiestas patronales, qué sé yo, disfrutar de una orquesta u organizar una tirada de bolos leoneses.

No se me va de la cabeza que hay unos chicos en Villamanín que, en el futuro, tendrán muy pocas ganas de colaborar con nada ni con nadie porque los demás les habremos amargado el premio Gordo.

Insisto en creer que han cometido un error, quizás por despiste, mas no por mala fé; van a pagarlo con una lección de realidad que no olvidarán en su vida.

Amargo premio, vaya tela.