beta
secondary logo
 

SpeaKers Corner

Por Andrés Miguel

Libertad limitada


Decía Benjamin Franklin que "quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad". Comparto ese pensamiento.

Lo cierto es que no somos conscientes de la escasa libertad con que los ciudadanos de este país nos desenvolvemos en el día a día de nuestras vidas. Vivimos en un país cuyo Gobierno decreta una nueva normativa cada 45 minutos... sí, sé que no hay Dios que se lo crea, pero es cierto, y no son normativas que afianzan nuestras libertades o las amplían, no, son normativas que las reducen, que las simplifican, habitualmente con consecuencias económicas, ya sean éstas sanciones o incrementos del gasto por condiciones sobrevenidas, por no hablar de cuántas de ellas conllevan la creación de chiringuitos en los que colocar a un hermano, una esposa o a la Jéssica de turno con cargo al Erario público, esto es, a tu parte de los impuestos.

Vivimos en un país en el que quienes gobiernan han decidido que la sociedad debe ser lo que éllos consideran que debe ser, cualquier otra opción es imposible, digo más, cualquier otra opción va camino de ser ilegal. Que se lo digan, si no, al Bombero torero y a sus enanitos rejoneadores, quienes se han quedado sin trabajo porque este Gobierno les ha robado la libertad de elegir cómo pueden (o quieren) ganarse la vida, porque, según éste, sus espectáculos vulneran la dignidad humana. Pronto, reírse de un chiste de gangosos, de aquéllos que hicieron famoso a Arévalo, estará penado con siete años de cárcel.

No me lo invento.

El Instituto Juan de Mariana ha valorado que el coste de la sobrerregulación que sufrimos en nuestro país asciende a no menos de 90.000 millones de euros... No soy capaz de asimilar cuánta pasta es éso en pesetas… y lo peor es que, de todas esas normas que nuestro Gobierno impone, al menos un 84%, son innecesarias, intervencionistas y puramente ideológicas, no responden a la necesidad de actualizar nuestras leyes a las normativas europeas o a verdaderos problemas de nuestro país o sus ciudadanos.

Puede que la libertad no sea más que la capacidad de moverse dentro de un círculo, pero presiento que ese círculo de marras es cada vez más reducido.

Hay informes que señalan que disponemos de menor libertad de expresión que antes de la llegada al Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez. Yo nací pocos años antes del "advenimiento" de la democracia y nunca, hasta ahora, he sentido tanta erosión en el sistema de libertades como actualmente. Igual es cosa mía y tú no crees lo mismo. Lo cierto es que funcionamos con una especie de piloto automático y no somos ya conscientes de lo que nos rodea, nos limitamos a ganarnos la vida lo mejor que podemos, lo mejor que nos dejan, no tenemos tiempo de valorar dónde nos han metido. Somos actores en una peli cuyo guión está censurado.

Creo, sinceramente, que un mayor grado de autonomía ciudadana hace de los países lugares más ricos, más saludables, menos oprimidos, más libres. Creo que, a una menor libertad le sigue una menor prosperidad y nuestro país es prueba de ello pese a que los medios dirigidos por el Gobierno y su propia línea argumental pretendan ocultarlo.

Sufrimos las ansias de control que mueven el espíritu de quienes nos gobiernan, gentes que son capaces de decir que "los hijos no son de los padres", por ejemplo, la abominación ideológica más grande que haya escuchado en toda mi vida, pero seguimos adelante, como si nada pasara. Sin embargo, hay un enorme peligro intrínseco en estos posicionamientos, peligro para tí y para mí, no para las élites que los difunden y nos gobiernan; ellos juegan en otro universo.

"La historia de la libertad es la de la lucha por limitar el poder del gobierno", dijo una vez Thomas Woodrow Wilson, vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos... Aún estamos a tiempo.